Redacción

Frente a la escasez y los problemas de suministro, señala que las políticas públicas deben pasar de administrar emergencias a prevenirlas mediante infraestructura, captación y aprovechamiento responsable.

Tener agua disponible no debería depender de la colonia en la que vive una familia ni convertirse en una preocupación recurrente durante los meses de mayor demanda. Para Gerardo Luis Castillo Alcalá, garantizar el acceso al recurso debe ocupar un lugar prioritario dentro de la planeación y las políticas públicas de las ciudades.

El tema no es nuevo para Castillo. Desde hace años ha participado en la discusión sobre la escasez de agua en la Ciudad de México y ha señalado la necesidad de desarrollar soluciones que combinen infraestructura, aprovechamiento de agua pluvial, reparación de fugas y recuperación de los mantos acuíferos.

Su preocupación parte de una realidad cotidiana: cuando falla el suministro, las consecuencias trascienden el ámbito ambiental y afectan directamente la calidad de vida y la economía de las familias.

“La falta de agua termina generando desigualdad. Quien tiene recursos encuentra alternativas; quien no los tiene debe esperar una solución. Por eso hablar de agua también es hablar de bienestar y de justicia social”, señaló Castillo.

Para Gerardo Luis Castillo, uno de los principales desafíos consiste en abandonar la lógica reactiva con la que históricamente se han enfrentado las crisis de abastecimiento.

Enviar pipas o realizar acciones emergentes puede resultar necesario ante una contingencia, explica, pero no sustituye una política capaz de anticiparse al problema.

“Las pipas pueden resolver una emergencia, pero no pueden convertirse en la política hídrica de una ciudad. Necesitamos infraestructura que funcione y soluciones diseñadas para cada territorio”, sostuvo.

Entre las alternativas que ha defendido se encuentra la captación de agua de lluvia, particularmente en zonas donde existen problemas recurrentes de suministro.

Castillo plantea que el agua captada puede tener diferentes destinos dependiendo de su tratamiento: una parte puede aprovecharse para actividades que no requieren agua potable, otra puede tratarse para determinados usos y también puede contribuir a la recarga del subsuelo.

Esta visión, sostiene, debe acompañarse de un programa permanente para detectar y reparar fugas. De poco sirve buscar nuevas fuentes de abastecimiento si simultáneamente se continúa perdiendo agua dentro de la propia red.

También considera necesario involucrar a desarrolladores, empresas y grandes consumidores en una estrategia de corresponsabilidad hídrica, particularmente en zonas sometidas a una creciente presión urbana.

El crecimiento de las ciudades, advierte, debe considerar la disponibilidad real de servicios y recursos. Autorizar nuevos proyectos sin evaluar adecuadamente su impacto hídrico puede incrementar la presión sobre comunidades que ya enfrentan dificultades de suministro.

“Cada decisión de desarrollo urbano debería hacerse también con un mapa del agua sobre la mesa. No podemos separar la planeación de una ciudad de su capacidad para garantizar los servicios que necesitarán quienes la habiten”, afirmó.

Gerardo Luis Castillo considera que la Ciudad de México todavía tiene oportunidades importantes para mejorar su relación con el agua mediante tecnología, mantenimiento, captación, tratamiento y una utilización más eficiente del recurso.

Pero para conseguirlo, asegura, el agua debe mantenerse como prioridad pública más allá de coyunturas políticas o temporadas de estiaje.

“No necesitamos esperar a una crisis para actuar. El agua requiere planeación, presupuesto y continuidad. Las soluciones existen; lo importante es tener la decisión de implementarlas y mantenerlas en el tiempo”, concluyó.