Un estudio revela que 27 de los 32 estados mexicanos presentan diferente probabilidad para el establecimiento de la plaga, con alto riesgo en los estados de Chiapas, Tabasco, Campeche, Oaxaca, Guerrero, Michoacán y Jalisco
El calentamiento global no sólo ampliará las áreas aptas para el gusano barrenador en el ganado (GBG), sino que incrementará significativamente el riesgo de infestaciones en seres humanos, especialmente en las poblaciones más pobres y marginadas del sur-sureste de México, concluye un estudio pionero, liderado por investigadores del Instituto Nacional de Salud Pública de México, el Cinvestav-Mérida y otras instituciones de Centroamérica.
El estudio refiere que la liberación de moscas estériles, debe rediseñarse considerando que el territorio apto para la proliferación de la plaga será más extenso en el futuro.
“El costo de mantener la vigilancia y la bioseguridad es mínimo comparado con los 830 millones de dólares que costaría una reinfestación a gran escala o las pérdidas diarias de 11.4 millones de dólares por el cierre de fronteras comerciales.
“En el ámbito humano, el costo se mide en vidas perdidas, principalmente de aquellos que, por su edad, enfermedad o condición social, son los más vulnerables a esta plaga que resurge fortalecida”, señala el estudio.
Los resultados establecen una correlación directa entre las zonas de alta idoneidad ambiental para esta zoonosis, inicialmente identificadas a través de brotes en ganado, y la alarmante concentración de casos de miasis en humanos.
Elevadas probabilidades para el establecimiento del parásito
Detallan que la reciente y acelerada reinvasión biológica del gusano barrenador del ganado (mosca verde azulada de 10-15 mm), en México ha dejado de ser un problema exclusivamente veterinario para convertirse en una crisis de salud pública.
El estudio procesó más de 10 mil 200 registros de brotes en animales provenientes de México, Guatemala, Belice, Honduras, Nicaragua, Costa Rica y Panamá para calibrar un modelo predictivo (MaxEnt).
Con base en los resultados del estudio, bajo las condiciones climáticas actuales, 27 de los 32 estados mexicanos presentan diferente probabilidad para el establecimiento del parásito, con una considerable concentración de alto riesgo en Chiapas, Tabasco, Campeche, Oaxaca, Guerrero, Michoacán y Jalisco.
Sin embargo, el hallazgo más relevante para la salud pública fue la sobreposición del mapa de riesgo animal con los datos epidemiológicos humanos.
Sistema de alerta temprana” para la salud pública
Al cruzar la información de 238 casos de miasis humana reportados en México durante 2025 y principios de 2026, se encontró una asociación espacial estadísticamente significativa: el 100% de los casos humanos se registraron en municipios clasificados de media o alta idoneidad para el ectoparásito.
La prueba estadística arrojó un resultado contundente, confirmando que la distribución de los casos humanos no es aleatoria, sino que responde directamente a los mismos factores ambientales que favorecen la infestación en el ganado.
Esto significa que el modelo predictivo de riesgo ganadero funciona como un “sistema de alerta temprana” para la salud pública. Las regiones donde el ganado es más susceptible fueron también los focos donde las comunidades humanas enfrentan el mayor peligro de sufrir miasis.
El documento detalla que las consecuencias más graves se concentran en poblaciones con alta vulnerabilidad socioecológica.

Edad avanzada y comorbilidades, factores clave
Los casos fatales en México, ocurridos entre 2025 y 2026, comparten un perfil alarmante: edad avanzada y comorbilidades. La mayoría de los fallecidos tenían entre 61 y 87 años y padecían enfermedades como diabetes, hipertensión, insuficiencia renal crónica o cáncer. Otra de las características comunes es la localización crítica de las heridas en cavidades y zonas de difícil acceso, como la cabeza, cavidad nasal, ojos y oídos, lo que dificulta su detección temprana y tratamiento.
El traslape geográfico entre las zonas de alta idoneidad y las regiones de alta marginación (como la Sierra Madre de Chiapas o la Mixteca oaxaqueña) revela que el riesgo emerge de la convergencia entre el peligro ecológico y la desigualdad estructural. La falta de acceso a la salud, el hacinamiento y la dificultad para mantener heridas limpias amplifican la letalidad de la enfermedad.
El aspecto más preocupante del análisis son las proyecciones a futuro. Para 2050, los modelos predicen un cambio climático drástico en el mapa de riesgo: expansión de zonas de alta idoneidad; se prevé una intensificación de las condiciones óptimas para el gusano en la península de Yucatán, Chiapas y Tabasco, lo que sugiere que el parásito podría volverse más abundante y persistente en estas regiones.
Un brote en Chiapas debe ser monitoreado de inmediato
Mientras que el sur se vuelve más caliente y húmedo (ideal para el ciclo de vida de la mosca), otras áreas se vuelven vulnerables, como las regiones del norte (Baja California, Sonora y Jalisco) que muestran “incertidumbre” en las predicciones debido a la aparición de condiciones climáticas novedosas (MESS negativos), lo que podría significar que, si el ectoparásito logra adaptarse, el riesgo se desplazará hacia el norte del país.
Estas proyecciones implican que, de no tomar medidas inmediatas, la ventana de tiempo para actuar será cada vez más limitada. Los inviernos más cálidos y las temporadas de lluvia más extensas alargarían los ciclos reproductivos de la mosca, facilitando su supervivencia y dispersión en áreas que antes se consideraban libres y seguras.
El estudio subraya que el regreso del gusano barrenador no es un fracaso biológico, sino una falla determinante en la vigilancia sostenida y la cooperación transfronteriza. La barrera estéril del Darién colapsó y, con ella, la seguridad sanitaria de toda la región.
Para los autores, el modelo de nicho ecológico no es un simple ejercicio académico, sino una herramienta de gestión que debe traducirse en políticas públicas urgentes bajo el enfoque de “Una Sola Salud” (One Health). Es imperativo unificar los sistemas de vigilancia veterinaria, humana y de fauna silvestre.
Refiere que un brote en una comunidad de Chiapas debe ser monitoreado de inmediato como un potencial foco de infestación para las personas. Los recursos deben destinarse prioritariamente a los puntos calientes identificados por el modelo, como Chiapas, Veracruz y Tabasco, donde coinciden la alta idoneidad ecoclimática, los casos humanos y los movimientos de ganado.











