Y Sepa La Bola pero en política los escándalos pocas veces se quedan en la persona señalada. Cuando un partido construye su identidad alrededor de la honestidad, la transformación y la diferencia frente a sus adversarios, cualquier cuestionamiento sobre sus cuadros termina convirtiéndose en una prueba para toda la organización.

Ese es el escenario que enfrenta Morena rumbo al proceso electoral de 2027 en Baja California, donde la senadora Julieta Ramírez se encuentra bajo escrutinio luego de versiones periodísticas que la vinculan con presuntas negociaciones con autoridades de Estados Unidos y señalamientos que han abierto una discusión sobre la viabilidad de algunos perfiles políticos.

Los señalamientos, que deberán ser aclarados por las instancias correspondientes, ya tienen un efecto político: colocan al partido guinda frente al reto de definir cómo responder ante aspirantes que pueden representar un desgaste para su imagen pública.

Julieta Ramírez

Especialistas advierten que el problema no necesariamente está en una candidatura en particular, sino en el impacto que puede tener sobre la marca Morena. El politólogo Sebastián Godínez señaló que mantener perfiles cuestionados puede restar respaldo ciudadano y generar negativos para el partido.

El estratega político Alonso Cedeño plantea que los escándalos políticos no siempre provocan una derrota inmediata, pero sí pueden iniciar un proceso de erosión interna y de pérdida de confianza, como ocurrió con otros partidos que fueron perdiendo respaldo ciudadano al acumular conflictos y cuestionamientos.

La advertencia es clara: las marcas políticas también se desgastan. Un partido puede conservar estructura, presencia territorial y fuerza electoral, pero si una parte de la ciudadanía comienza a asociarlo con prácticas que antes criticaba, el costo puede aparecer en las urnas.

Karolina Gilas señala que, en una sociedad donde cada vez existe mayor exigencia sobre el comportamiento ético de los representantes públicos, las revelaciones periodísticas pueden modificar la percepción sobre la viabilidad de un personaje político.

El reto para Morena será demostrar que sus decisiones internas responden a criterios de responsabilidad pública y no únicamente a acuerdos políticos o cálculos electorales.

Y otrs institución también salió a defender una marca que no pertenece a ningún partido: la Universidad Autónoma Chapingo.

El Consejo Universitario de la UACh fijó una postura contundente frente a las versiones que atribuían el control de la institución a un grupo político. El mensaje fue directo: Chapingo no es ni será patrimonio político de nadie.

Con 27 votos a favor, cero en contra y tres abstenciones, el máximo órgano de gobierno de la universidad rechazó que la institución pertenezca a Antorcha Campesina o a cualquier organización, partido, corriente política o grupo de interés.

La discusión toca un punto sensible. Las universidades públicas son espacios donde históricamente conviven distintas ideas, posiciones políticas y formas de pensamiento. Pero una cosa es la pluralidad de quienes integran una comunidad universitaria y otra muy distinta que una institución sea identificada con un grupo político determinado.

También hizo un llamado a que los señalamientos que puedan afectar el prestigio de la universidad se presenten con responsabilidad, rigor y elementos verificables, al advertir que acusaciones basadas únicamente en testimonios anónimos o versiones no comprobadas pueden dañar la confianza pública.

La autonomía universitaria no significa que una institución esté libre de críticas o debates. Significa que sus decisiones no pueden estar subordinadas a intereses externos.

Chapingo enfrenta el mismo desafío que muchas instituciones públicas: preservar su credibilidad frente a presiones políticas, internas o externas. La universidad puede y debe ser un espacio de discusión, pero no un territorio de disputa partidista.

Al final, tanto en los partidos como en las instituciones, la confianza se construye con hechos. Morena tendrá que demostrar que sus candidaturas no ponen en riesgo la imagen que ha construido, mientras Chapingo deberá mantener firme la defensa de su autonomía.

Porque cuando una organización pierde credibilidad o una institución pierde independencia, recuperar la confianza ciudadana se convierte en la tarea más difícil.