La construcción de un proyecto colectivo anclado en la vida comunitaria de  Tabasco fue el camino al que Andrés Manuel López Obrador ofrendó su juventud, desde una perspectiva de compromiso social y no desde el tradicional escalamiento del status quo del poder priista. 

Entre  1973 y 1976 él era un estudiante veinteañero y humilde, que con mucho esfuerzo tenia condiciones básicas para estudiar Ciencias Políticas y Administración Pública en la UNAM. A su vez mantenía una cercanía personal e ideológica con el poeta Carlos Pellicer, quien significaba una influencia poco ortodoxa para quien se quiere dedicar a la política real, pero cargada de valores éticos y simbólicos.

En una charla sobre aquellos años de estudiante universitario, López Obrador le contó al periodista Jaime Avilés de “su mala relación con la sopa.” Éstos fueron sus recuerdos: “Íbamos a comer con doña Gloria, que es un ángel porque ya murió. A mí a veces me daba pena ir, porque le debía. Pero doña Gloria me mandaba recados. Dile al flaco que venga, ya me pagará cuando pueda… Y entonces era un banquete. Nos daba sopa de pasta, mucha tortilla, mucho arroz y un guisadito. Y mucha agua de Kool-Aid. Y al final no nos cobraba; -después, decía, ya después-. Por eso no me gusta la sopa, me recuerda el hambre que pasaba en esos tiempos.” (Avilés, 2012).

El poeta Carlos Pellicer era su mentor político y camarada en tiempos difíciles. Narra AMLO: “que Pellicer lo veía tan amolado que lo ayudaba cuando lo veía. Una noche de diciembre de 1975, recuerda, ‘estuvimos platicando un rato y cuando ya me iba, me dio un rollo de billetes. Yo me puse tan nervioso que le dije: ¡próspera Navidad y feliz Nochebuena!”. (Avilés, 2012). Después en 1976 Pellicer fue candidato al Senado, AMLO le acompañó y así comenzó a vincularse territorialmente a los pueblos de la Chontalpa, de ahí comenzó su relación estrecha con las comunidades indígenas, que han sido siempre su sustento moral en batallas políticas y electorales.

Después de concluir sus estudios, en 1977 inició su labor en el INI que realizó durante fines de los setentas. Luego, con el nuevo sexenio de Miguel de la Madrid, en 1983  González Pedrero lo designó titular del Centro de Estudios Políticos, Económicos y Sociales (CEPES) del Comité Directivo Estatal (CDE) del PRI de  Tabasco, pero ese mismo año tuvo el primer desencuentro con las viejas formas políticas y renunció al encargo partidista. Curiosamente, fue acusado por la vieja guardia del PRI tabasqueño de “difundir ideas socialistas” al interior de la anquilosada estructura, que AMLO pretendía renovar con trabajo comunitario de base y democracia real, lo que enfadó a los viejos tigres de aparato.

Entonces vino una segunda y definitoria etapa de AMLO en la Ciudad de México, que lo llevó a la alta burocracia, y paradójicamente a su ruptura definitiva con el sistema. El entonces Distrito Federal fue el epicentro de los movimientos sociales que evidenciaron el agotamiento del modelo priista: los damnificados que se organizaron en 1985, los estudiantes universitarios en 1986 y 87, y las luchas contra la crisis y la carestía de sindicatos independientes y organizaciones populares que comenzaban a colmar las calles de demandas gremiales.

En 1984, AMLO es designado por Clara Jusidman Director de Promoción y Participación del Instituto Nacional del Consumidor. “Ahí, Andrés Manuel organiza uno de los servicios más exitosos: la atención a los consumidores que llamaban al número telefónico de la central de emergencia para pedir información sobre la calidad de los productos. Ese teléfono era el cinco seis ocho ocho siete veintidós, el de la cancioncita pegajosa que sin darse cuenta se aprendieron —y recuerdan incluso hoy— millones de televidentes y radioescuchas.” (Avilés, 2012)

El 19 de septiembre de 1985 un terremoto sacudió a la ciudad de México y otras zonas del país, y removió también las estructuras caducas del partido prácticamente único de Estado. La negligencia criminal que se evidenciaba con decenas de edificios colapsados por haberse edificado con materiales de segunda o tercera clase debido a la corrupción, la tardía respuesta del gobierno que fue rebasado por la sociedad civil con la intensa solidaridad vecinal ante la emergencia, y el agravamiento de la crisis económica por el desastre natural, generaron un escenario donde el régimen ya era abiertamente cuestionado por grandes capas de la sociedad.

En 1986 AMLO publica su primer libro: Los Primeros Pasos, Tabasco, 1810-1867 editado por la Universidad Juárez Autónoma de Tabasco. Significa su revisión histórica inicial sobre la época de la Reforma, la segunda gran transformación nacional. Desde esa obra prima rescata los contenidos ideológicos surgidos de la historia de México como brújula de su acción política y cotidiana. 

AMLO digamos, era ya un servidor público socialmente comprometido y económicamente desahogado, ubicado en uno de los eslabones del sistema político priista, sin embargo, comenzaron a presentarse las señales que lo convocaban a un horizonte lejano a los caminos tradicionales.

En 1986 Miguel de la Madrid fue abucheado ante el mundo durante el Mundial de Futbol, en las calles de la capital la gente coreaba “queremos frijoles, no goles”; semanas después en la UNAM surgió el Consejo Estudiantil Universitario (CEU) que se movilizaba para demandar dialogo y el respeto a la gratuidad en la UNAM, y donde se forjaron militantes que después cobraron un papel muy relevante en la izquierda como Claudia Sheimbaum, Martí Batres y Hugo López- Gatell. También en el movimiento participaba un hermano de Andrés Manuel.

“Pío Lorenzo López Obrador asiste a las manifestaciones y habla en las asambleas del Consejo Estudiantil Universitario (CEU). Un día pasa por el Instituto Nacional del Consumidor y sube a la oficina del director de Promoción y Participación, que vive como tiene que vivir un funcionario público de ese rango: ganando muy bien, usando traje y corbata a diario, transportándose en un coche del año manejado por un chofer. —Pero, hermano —le dice—, ya te aburguesaste. ¿Cuándo te vas a definir? Andrés Manuel no sabe qué responderle.” (Avilés, 2012).

Los acontecimientos reflejan la decadencia del sistema político, el auge de la corrupción, las devaluaciones, la pérdida del poder adquisitivo, la crisis insuperable para millones de familias, el agotamiento de las formas antidemocráticas priístas del “dedazo” y el “tapado” en la sucesión presidencial, y las cada vez más amplias, organizadas y plurales manifestaciones públicas de diversos sectores en protesta por la no resolución de sus problemas, son una suma de factores que comienzan a hacer crisis personal en AMLO, lo llevan a la reflexión sobre su papel ante los acontecimientos.

Llega el año electoral, 1988, ante el viraje neoliberal del gobierno de Miguel de la Madrid, el Ing. Cuauhtémoc Cárdenas enarbola el nacionalismo revolucionario y la defensa de los logros sociales, la soberanía y el Estado mixto emanados de la Constitución revolucionaria de 1917; organiza la Corriente Democrática que busca que el PRI recupere su camino, ante la cerrazón a sus propuestas, se formula y logra romper los moldes, a su llamado se unen en muchos casos espontáneamente “más y más pueblo a partir de febrero de 1988”, su campaña cimbra el país, pues el ingeniero además encarna en la memoria popular el legado del General Lázaro Cárdenas del Río. 

El 6 de julio como miles de servidores públicos AMLO vota silencioso por el FDN. Después viene el fraude salinista. Pero la locomotora de la historia no se detiene. En sus giras de campaña por Tabasco a Cárdenas la propia gente le ha nombrado una y otra vez un personaje con un trabajo hormiga pero consistente a favor de los más pobres: Andrés Manuel López Obrador.

El movimiento post electoral crece, pero hay que mantener la ruta electoral para ganar espacios a un PRI que se niega desesperadamente a dejar el poder. La próxima estación es Tabasco. “Una semana después del 6 de julio, Cuauhtémoc Cárdenas habla con Andrés Manuel y lo invita a ser candidato del FDN al gobierno de Tabasco. Las elecciones serán el 9 de noviembre de 1988”. (Avilés, 2012).

AMLO en un principio titubea pero finalmente se decide y lo deja todo. Tenía un sueldo muy bueno, de la alta burocracia no austera de esa época, comodidades personales, un carro con chofer, trabajaba de lunes a viernes, pero se impone su añejo y hondo compromiso con el pueblo tabasqueño. Parecía un salto al vacío, a nadar contracorriente de un régimen omnipresente en la vida pública. Pero significó un salto a la historia nacional. El 88 no era un accidente, sino la continuación de la Revolución Mexicana de 1910 y las luchas del pueblo a través de nuevos caminos. “Uno va dónde el movimiento lo necesite”.

Un día AMLO se despide del viejo sistema y amanece la mañana siguiente dando una conferencia de prensa en el antiguo local del PPS, que todavía subsiste en la Colonia Roma. Lo flanquean el Ing. Heberto Castillo y el Ing. Cuauhtémoc Cárdenas, entonces se da a conocer su candidatura a Tabasco y nunca más volvería a trabajar solo de lunes a viernes…

El candidato cardenista hace campaña de la nada, sin partido, sin estructura, sin recursos, solo con el corazón de la Chontalpa de su lado. Sufre en carne propia la disyuntiva que suele ofrecer el gobierno priista a los disidentes: en la campaña primero lo amenazan directamente de muerte, después le envían el recado del ofrecimiento de Carlos Salinas para ocupar una subsecretaria federal en el siguiente sexenio. Ninguna de las dos cosas su perseverancia permite. A AMLO lo sostienen los indígenas, lo arropan, lo cuidan, lo levantan. 

Escribe José Agustín Pinchetti, uno de los políticos más sobrios y honestos que han acompañado la lucha de López Obrador: “contaba con una poderosa legitimidad apoyada por la comunidad chontal; usaba un lenguaje directo basado en hechos reales con propuestas claras y accesibles, y no tenía “cola que le pisaran”: podía denunciar la corrupción de los funcionarios públicos sin “morderse la lengua”. (Ortiz Pinchetti, 2018). Esa legitimidad fue clave en su vertiginoso ascenso.

El treintañero candidato a gobernador “llevaba una vida austera, semejante al estilo de la gente común; vestía una vieja playera con la imagen de Lázaro Cárdenas, despachaba en un cuartucho con una mesa y una silla, y no se transportaba en los lujosos autobuses de los priistas, sino en un “vocho”. (Ortiz Pinchetti, 2018)

Así, también nace AMLO el dirigente político, el organizador nato a ras de tierra. “Bajo el sol y las tormentas de Tabasco recorría los caminos lodosos; atravesaba los ríos en pangas y lanchones; dormía pocas horas, se levantaba al alba y continuaba acumulando, poco a poco, un capital político que puso en juego en las elecciones.” (Ortiz Pinchetti, 2018)

En la campaña electoral de Cárdenas se desató una gran guerra sucia, aparecían carteles donde se decía que el ingeniero iba a expropiar la industria farmacéutica, que sus hermanos lo desconocían como hijo del General, entre otras falacias; en la de AMLO en Tabasco se vivió lo que sería el primero de una larga lista de inclementes episodios de guerra sucia en su contra. Dice Fabricio Mejía Madrid: “En 1988, durante la campaña por la gubernatura de Tabasco que sigue al fraude electoral de Carlos Salinas en la Presidencia, el candidato López Obrador recorre el estado, obligado a responder a la campaña negra que los ganaderos del PRI difunden en su contra: “No soy comunista. No voy a quemar las iglesias.” (Mejía Madrid, 2018)

“Aun así López Obrador sigue adelante. Los camiones del transporte público llevan letreros a favor del candidato del PRI: “Comunismo no, Neme sí”. También la oligarquía local difunde: “El socialismo nos va a quitar las tierras. Sólo el PRI nos garantiza la propiedad privada”. (Mejía Madrid, 2018).

En escuelas, transporte público, mercados, parques y hasta en las iglesias se difundía la propaganda negra contra un AMLO que crecía y crecía como posibilidad de cambio: “Los comunistas –dice un folleto repartido afuera de las iglesias- ganan el apoyo de la gente mediante promesas de paz, prosperidad y felicidad. Prometen una mejor manera de vivir. Al principio, muchos lo creen, pero desgraciadamente esas promesas no las cumplen cuando ya han impuesto su yugo”. (Mejía Madrid, 2018).

El 4 de noviembre AMLO cierra su campaña en Tabasco. El periódico Unomásuno constata: “Ante una concentración de cerca de 15 mil personas de los 17 municipios, calificada como la más numerosa en muchos años, el candidato del Frente Democrático Nacional (FDN) a la gubernatura de la entidad, Andrés Manuel López Obrador, se comprometió a gobernar con una cuarta instancia: la comunidad”. Habló durante casi 25 minutos ante una multitud que constantemente lo ovacionó, dijo que su gobierno no será de escritorio, sino que se extenderá al campo y a las calles, y afirmó: “gobernaré  con democracia para enderezar el rumbo y no se transitará con irresponsabilidad ni despilfarro”.

Ese Andrés Manuel López Obrador que vestía una vieja playera con la imagen de Lázaro Cárdenas, atendía a la gente en un cuarto donde el único mobiliario era una mesita de madera y una silla, había logrado convocar a la movilización popular más grande de la historia de Tabasco. 

*Este texto forma parte de un trabajo más amplio que se denomina: Los años de la resistencia, que será publicado en esta columna por entregas.

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