El 1° de diciembre de 1988 en la capital del país se vivió una de las jornadas más tensas y agitadas de la vida pública de México. En el Zócalo hubo escaramuzas entre amas de casa, estudiantes, jubilados, chavos banda contra la policía militar. Los soldados uniformados o de civil contenían con toletes y escudos a la gente, que impotente gritaba y coreaba: ¡Repudio total al fraude electoral! Eran ciudadanos espontáneos venidos de las colonias de la capital, los pretendían acallar en una esquina de la plancha y surgían nuevos contingentes en otros puntos, en la entrada de 20 de Noviembre, en Pino Suárez, Madero o en Moneda. Miles de agentes del Estado Mayor Presidencial vestidos de traje, corbata y cabeza casquete corto repelían los brotes de inconformidad. La gente quería ingresar a Palacio Nacional a evitar la consumación del fraude.

El hartazgo social por devaluaciones, inflación, crisis, sometimiento de la economía al pago de la deuda externa, autoritarismo, represión, aunado al fraude electoral cometido a todas luces contra Cuauhtémoc Cárdenas desembocó en movilizaciones populares alrededor de la toma de posesión de Carlos Salinas de Gortari, a quien se le conoció desde ese momento como “el usurpador”.

En el Hemiciclo a Juárez decenas de miles de personas marchaban pacíficamente encabezados por Cuauhtémoc Cárdenas y el héroe cívico de la Asamblea de Barrios de 1985: Superbarrio Gómez; la multitud desplegó una enorme lona blanca que con negras decía “La Constitución ha muerto”. El Ingeniero mantuvo la posición de dar cauce pacífico a la inconformidad pues la violencia solo convendría al aparato del Estado.

Al interior del Palacio de San Lázaro encabezados por el senador Porfirio Muñoz Ledo, decenas de legisladores abandonaron entre gritos e interpelaciones la sesión dónde la mayoría priista habría de poner la banda presidencial a Carlos Salinas de Gortari; así como ocurrió el 1° de setiembre en el último informe de Gobierno de Miguel de la Madrid, los diputados y senadores afines a la línea del movimiento cardenista (otros comenzaron a ser cooptados) desacralizaron el presidencialismo y sus rituales, irrumpían llevando la voz del pueblo en protesta por el fraude: “¿Qué dice ahí? ¡La Patria es primero!” coreaban; mientras volaban boletas quemadas que tachadas por Cuauhtémoc Cárdenas habían aparecido en basureros y que Félix Salgado Macedonio mostraba a ojos del mundo en la “máxima tribuna de la Nación” como evidencia del fraude.

Aquellos días de diciembre fueron un trago amargo para el pueblo en la víspera de una navidad en crisis económica y deterioro de la economía familiar, sin avistarse caminos para salir adelante, con las vías democráticas prácticamente canceladas. Era un anuncio de lo que estaría por venir con el salinismo.

A la par de las movilizaciones de julio a septiembre: “Las expresiones de descontento por parte de Cárdenas se transformaron en una importante propuesta: consolidar el frente que había participado en la elección de 1988 a través de la creación de un partido político. Como era de esperarse, dado su desempeño histórico, la propuesta no fue bien recibida por los partidos “satélite” PPS, PARM y PFCRN, quienes rápidamente se desligaron del frente por lo que, de los partidos con registro que habían participado en el FDN, sólo el PMS aceptó la convocatoria. (Reyes y Valdés, 1994).

Refiere Martí Batres sobre los actores que regresaron al redil del régimen: “Es famosa la anécdota de la diputada del FDN, Celia Torres lanzándole monedas a Rafael Aguilar Talamantes, “por judas”. El PARM también comenzó la ruta de retorno a su vieja condición de partido paraestatal. En el caso del PPS, su dirigente Jorge Cruickshank García sufrió un infarto y murió en aquellos días posteriores a julio del ´88. Sus dirigentes decidieron no integrarse al nuevo partido. Más adelante se incorporaría como asesor de la Presidencia de la República a Evaristo Pérez Arreola, y numerosos ex militantes de organizaciones  de izquierda que serían reclutados para la operación del Programa Nacional de Solidaridad”. (Batres, 2008).

El 21 de octubre de 1988 Cuauhtémoc Cárdenas hizo el llamamiento público a la fundación del PRD para dar cauce y organización de la emergencia ciudadana, dirigido especialmente a los agrupamientos de izquierda que no participaban electoralmente hasta antes de aquel proceso y sobre todo a los millones de mexicanos sin partido que se expresaron en las urnas el 6 de julio.

Protagonizaron el acuerdo para dar vida al PRD: la Corriente Democrática (CD) del PRI encabezada por Cuauhtémoc Cárdenas, Porfirio Muñoz Ledo e Ifigenia Martínez; el Partido Mexicano Socialista (PMS) con Heberto Castillo, y Gilberto Rincón Gallardo; el Partido Patriótico Revolucionario (PPR), dirigido por Camilo Valenzuela; el Movimiento Revolucionario del Pueblo (MRP); la Unión de la Izquierda Comunista (UIC), la Asociación Cívica Nacional Revolucionaria (ACNR), dirigida por Mario Saucedo; Trotskistas del (Partido Revolucionario de los Trabajadores (PRT) como Adolfo Gilly; Maoístas de la Organización de Izquierda Revolucionaria- Línea de Masas (OIR-LM), militantes de la Organización Revolucionaria Punto Crítico (ORPC) y otros grupos de inspiración marxista; agrupaciones de la lucha urbana popular y del reciente movimiento de damnificados como la Asamblea de Barrios; de profesores universitarios como el Movimiento al Socialismo (MAS); núcleos de activistas del CEU de la UNAM; profesores y activistas de IPN, UAM, ENAH y otras universidades públicas; entre otros colectivos y personajes en lo individual.

Narra Andrés Manuel López Obrador que en Tabasco: “Luego del proceso electoral me propuse seguir adelante y consolidar una organización popular todavía incipiente. Los adversarios pensaron que el movimiento democrático iba a ser “flor de un día” que, terminando la elección, desistiría y me regresaría a la Ciudad de México. No fue así. Me quedé y, de inmediato, inicié un recorrido por todas las comunidades para informar que seguiríamos adelante”. (López Obrador, 2007).

Refiere Adolfo Gilly en el artículo El perfil del PRD, publicado en la revista Nexos en 1990: “Por esa ruptura que lo lanza a la existencia, por su composición, por su colocación en la sociedad, fuera del gobierno y frente al Estado, y por la modernidad de los problemas que se plantea, el PRD trasciende los objetivos del cardenismo de los años 30. Si su surgimiento está, en efecto, en esa gran fractura política materializada en el curso de los años 80, en su constitución como partido convergen al menos cuatro corrientes de ideas, dos provenientes del PRI y del Estado, dos de la oposición de izquierda. Las enumero:

  1. a) El cardenismo, proveniente del Movimiento de Liberación Nacional, de la Tendencia Democrática y del testamento de Lázaro Cárdenas.
  2. b) el nacionalismo estatal, proveniente de sectores de anteriores gobiernos priístas definitivamente desplazados a partir de 1982;
  3. c) el socialismo independiente, cuyos orígenes se reconocen en diversos movimientos de la izquierda mexicana que se remontan a los años 20 y 30 y se renuevan después de 1968, en los años 70 y la primera mitad de los 80;
  4. d) el comunismo mexicano, cuyo paradigma y punto de referencia (aun tomando distancias desde fines de los años 60, como lo hizo el Partido Comunista Italiano) fueron los regímenes estatales de la Unión Soviética, Cuba y similares del Este europeo, y cuya matriz principal pero no única fue el antiguo Partido Comunista Mexicano.” (Gilly, 1990)

El crisol de fuerzas fundadoras del PRD fueron convocadas por Cuauhtémoc Cárdenas a una asamblea el 5 de mayo de 1989 en el Zócalo. Ese mismo día, de entre las “lúgubres coincidencias” que comenzaron a caracterizar al salinismo se “quemaron” los sótanos del Palacio Legislativo de San Lázaro y con ello la noticia fue el incendio de la Cámara. El 6 y 7 de mayo se realizó la asamblea constitutiva nacional del partido. El 13 y 14, se celebró el congreso del PMS que adoptó los documentos, emblema y denominación del Partido de la Revolución Democrática. “Después de una actitud negativa del Partido Acción Nacional y de ataques virulentos del partido oficial, finalmente el 26 de mayo se otorgó al PRD su registro como partido político nacional”. (Cárdenas 1990).

Contra la adversidad surge el PRD, señala AMLO: “El 5 de mayo de 1989 participé en la fundación del Partido de la Revolución Democrática. Fui el primer presidente del PRD en Tabasco y, a partir de entonces, ya con más organización, iniciamos el movimiento por la democracia y la justicia en mi estado”. (López Obrador, 2009)

Desde el primer minuto como Presidente espurio de México, Carlos Salinas emprendió la contra ofensiva contra lo que representaba Cuauhtémoc Cárdenas y el movimiento democrático en el que Andrés Manuel López Obrador surgía como referente del sureste. Salinas había sido como Secretario de Programación y Presupuesto de Miguel de la Madrid el arquitecto o diseñador del neoliberalismo en México, ahora como Presidente sería su ejecutor.

Las políticas neoliberales se consolidaron con Carlos Salinas, quien adoptó las medidas del Consenso de Washington de 1989”, que significaron recomendaciones de política económica formuladas por el economista inglés John Williamson e implementadas por el Fondo Monetario Internacional (FMI), por el Banco Mundial y por el Tesoro de Estados Unidos.

El “Consenso” implicaba además de privatizar los recursos naturales de la Nación y las industrias estatales, liberar la inversión extranjera directa y el comercio. Con ello, el fetiche que debían de lograr los países en vías de desarrollo para supuestamente trascender las recurrentes crisis económicas, era priorizar la acumulación de riqueza en aras del indicador del crecimiento económico. Así, el crecimiento económico ha sido el argumento base del neoliberalismo y su cimiento ideológico. Para tales fines, el salinismo efectuó reformas a la Constitución de 1917, a los artículos 3°, 5°, 27°, 31°, 82° y 130° Los principios básicos de la doctrina neoliberal aplicados en México hicieron necesario adecuar el marco jurídico.

El proceso de privatizaciones en México tuvo cuatro etapas: en la inicial, de 1984 a 1988, se realizó la privatización de varias empresas de diversa índole y actividad; en la segunda, de 1988 a 1999, se realizó la privatización a fondo de varios sectores, como los de siderurgia, banca y teléfonos; en la tercera, de 1995 a 2000, se profundizó aún más el proceso y se realizaron cambios constitucionales para vender los ferrocarriles y la comunicación vía satélite. (Sacristán Roy). En la cuarta etapa entre 2000 y 2012 lograron privatizar la industria energética.

Pasaron a manos privadas nacionales o extranjeras, entre otras: bancos, industria azucarera, industria siderúrgica, fertilizantes, teléfonos, ferrocarriles, aeropuertos, líneas aéreas, petroquímica, petróleo, electricidad, grandes extensiones de tierras ejidales, playas.

Retomando los orígenes del neoliberalismo en México, en La nueva política económica en los  tiempos del coronavirus nos confirma Andrés Manuel López Obrador sobre el sexenio de Carlos Salinas de Gortari: “En ese tiempo fue cuando más se acumuló riqueza en pocas manos y la economía creció a una tasa promedio anual de 4 por ciento, como en ningún gobierno de 1983 a la fecha. Recuerdo que, en julio de 1988, éramos el lugar 26 entre los países del mundo con más multimillonarios; en 1994 México escaló el cuarto sitio, solo por debajo de Estados Unidos, Japón y Alemania”.

Desde 1989 Salinas tomó en los hechos el control del PAN a través de Luis H. Álvarez, Carlos Castillo Peraza, Diego Fernández de Cevallos y Felipe Calderón, para articular con los restos del PRI un nuevo bloque hegemónico que gobernaría México durante los siguientes cinco sexenios, con el neoliberalismo como dogma; la conjunción del poder político y el poder económico, el auge del narco, y el desmantelamiento de los logros de la Revolución Mexicana. Para lograr el control del PAN “otra coincidencia” fue la muerte en un supuesto accidente automovilístico de Manuel Clouthier el 1°de octubre de 1989, el ex candidato presidencial había promovido la resistencia pacífica contra el fraude salinista, y era un partidario de mantener al PAN como el opositor del régimen, situación que cambió diametralmente con su muerte.

El 10 de enero de 1989, daría un golpe al interior del PRI en el llamado “quinazo”, encarcelando al líder caciquil del sindicato petrolero Joaquín Hernández Galicia “La Quina”, en un mensaje a la clase política clientelar y corporativa, hacia la “legitimación” en los hechos que sería la estrategia salinista.

Andrés Manuel López Obrador nunca reconoció a Carlos Salinas como Presidente, contra viento y marea se dedicó a ras de tierra a construir el movimiento democrático en Tabasco y organizar la estructura partidista desde abajo, comunidad por comunidad, y dio camino a un largo peregrinaje por el estado retomando las causas y necesidades de la gente. Dice AMLO: “De aquel tiempo datan las diferencias con Carlos Salinas. Siempre que fue a Tabasco protestamos por su presencia. Nunca lo reconocimos como presidente y, cuando estaba en la cima de su popularidad y muchos le quemaban incienso o se dejaron engañar, nosotros sostuvimos con insistencia que era perverso y farsante, que llevaría al país a la ruina”. (López Obrador, 2009).

*Este texto forma parte de un trabajo más amplio que se denomina:

Los años de la resistencia, que será publicado en esta columna por entregas.

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