El 21 de agosto de 1994 se llevó a cabo el proceso electoral federal y se eligió Presidente de la República, los resultados oficiales fueron muy distintos a 1988 y el PRI ganó la elección presidencial y la mayoría en las cámaras. Ernesto Zedillo (PRI) obtuvo el 48.69% de los votos, Diego Fernández (PAN) el 25.92%, Cuauhtémoc Cárdenas (PRD) el 16.59% y Cecilia Soto (PT) el 2.75%. 

Un sector de la izquierda se había reagrupado en el PT, principalmente: el Frente Popular «Tierra y Libertad» (FPTyL) de Monterrey, NL, los Comités de Defensa Popular de Chihuahua (CDPCH) y Durango (CDPD), el Frente Popular de Lucha de Zacatecas (FPLZ), la Unión Nacional de Trabajadores Agrícolas (UNTA), la Coordinadora Nacional Plan de Ayala (CNPA), la Coordinadora Nacional del Movimiento Urbano Popular (CONAMUP), Uniones de Colonos e Inquilinos Solicitantes de Vivienda (UCSISV) de Veracruz y del Distrito Federal (ahora Ciudad de México), y ese partido tuvo una presentación decorosa en las presidenciales después que en 1991 no logró los votos necesarios para el registro.

Si bien, Cuauhtémoc Cárdenas refirió la existencia de un fraude electoral y presentó un libro blanco de las anomalías de la elección de 1994, en general los comicios brindaron legitimidad al régimen priista, pero las esquirlas de la grave crisis interna originadas con el asesinato de Colosio se mantenían al interior del viejo partido, y las fisuras no desaparecieron sino se profundizaron. 

El 28 de septiembre de 1994 un nuevo crimen político sacudió a la sociedad mexicana, el secretario general del PRI y ex gobernador de Guerrero, José Francisco Ruiz Massieu, fue asesinado por un sicario a las puertas del hotel Casablanca, en la Ciudad de México. De inicio se responsabilizó del homicidio al diputado priista Manuel Muñoz Rocha, quien desde entonces desapareció, luego las acusaciones llegaron hasta Carlos Salinas y su hermano Raúl, quien terminó preso durante el gobierno de Zedillo.

Carlos Puig en un reportaje para la revista Nexos narró:

“En marzo de 1995 la Procuraduría General de la República presentó ante un juez un documento oficial, un pliego de consignación en el que afirmaba tener pruebas suficientes  que en algún momento del mes de marzo del año 1993 se habían reunido los hermanos Carlos, Raúl y Adriana Salinas de Gortari con su padre Raúl Salinas Lozano y habían decidido que era necesario “eliminar físicamente” a José Francisco Ruiz Massieu. Matarlo. En marzo de aquel año Carlos Salinas era el presidente de México que planeaba el asesinato de quien había sido su cuñado, padre de sus sobrinas y seguramente próximo presidente del Congreso. El Ministerio Público federal le dijo al juez que el móvil era que Ruiz Massieu “estorbaba el proyecto salinista”.

Este lamentable segundo asesinato de una figura prominente del salinismo, y las elecciones locales en Tabasco bordaron la transición entre el fin de gobierno salinista y la asunción de Zedillo.

En los primeros días de noviembre en el contexto de su campaña para gobernador de Tabasco, -como han referido Lázaro Cárdenas Batel y la prensa de la época-, Andrés Manuel López Obrador acompañó al Ing. Cuauhtémoc Cárdenas a la zona zapatista de Chiapas para reunirse con el Subcomandante Marcos. “Nos reunimos todos con Marcos y el mayor Moisés, después mi padre se quedó solo con ellos”, dijo Cárdenas Batel. De ese encuentro es la foto donde aparece Marcos, Cuauhtémoc Cárdenas, doña Rosario Ibarra de Piedra y AMLO entre otros.

Herman Bellinghausen en La Jornada reseñó: “Marcos reiteró a Cárdenas la decisión del EZLN de buscar una salida política de paz con dignidad. Al cabo de un encuentro que por lo visto fue cordial y satisfactorio, Cuauhtémoc Cárdenas y el subcomandante Marcos, acompañados por Rosario Ibarra de Piedra, el comandante Tacho y el mayor Moisés, hicieron una breve declaración. Estas fueron sus palabras. En primer lugar habló el subcomandante Marcos: «Sobre lo que ocurrió aquí el día de hoy: el ingeniero Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano nos hizo el honor de visitarnos para ofrecer sus oficios y sus mejores esfuerzos para buscar una salida política de paz con dignidad al conflicto. Preocupado por la situación de deterioro que hay en la región, principalmente en el estado de Chiapas, y la situación de inestabilidad, él ha tomado la iniciativa, muy elogiable, de buscar hablar con nosotros para ver qué problemas había”.

De esta forma por unos años el EZLN reconoció a Cárdenas como interlocutor válido de la causa indígena, lo cual fue un signo importante por los acontecimientos que vendrían después con la guerra de Zedillo al zapatismo en 1995. Sin embargo este reconocimiento no se extendió al PRD, con el que el zapatismo mantuvo sus críticas.  “Pasadas las tres de la tarde, Cárdenas que había sido recibido por todo el pueblo de Guadalupe Tepeyac a las 12 del día, se despidió del mando del EZLN y abandonó el territorio bajo control zapatista en compañía de su pequeña comitiva, compuesta por AMLO, Rosario Ibarra de Piedra, Lázaro Cárdenas Batel, Adolfo Gilly y Sergio Rodríguez”. (Portal del EZLN).

Después de su encuentro con los zapatistas, AMLO continuó y cerró campaña en Tabasco en aquel noviembre, como en 1991 lo que ocurriera en la región era un bálsamo de esperanza luego de la derrota nacional electoral de la izquierda y del tercer lugar al que cayó el PRD con la candidatura presidencial de Cárdenas.

El 20 de noviembre de 1994 se llevaron a cabo las elecciones para gobernador, ayuntamientos y congreso local en Tabasco, un proceso desaseado y fraudulento de principio a fin. En los datos oficiales Roberto Madrazo obtuvo 56.10% de la votación con 297365 votos, mientras Andrés Manuel López Obrador tuvo el 37.75% con 200087 votos. Respecto a 1988, AMLO cuadruplicó la votación. En su primera candidatura tuvo 54 mil votos y seis años después más de 200 mil. 

Se repitió el fraude de 1988 en Tabasco con mayor sofisticación (250 mil pruebas del fraude logró presentar AMLO en 1995); Madrazo aprovechó el vacío nacional pues Salinas no se terminaba de ir y Zedillo todavía no asumía, la reyerta interna en el PRI paradójicamente le dio manga ancha para cometer tropelías y ganar a toda costa.

Refirió La Jornada

  1. En las elecciones del 20 de noviembre abundaron las irregularidades: robo de boletas, expulsión de representantes de casilla del PRD, enfrentamientos a golpes, retenes en carreteras, balaceras. Según Juan José Rodríguez Prats, candidato del PAN a la gubernatura, el PRI gastó 150 millones de pesos, 25 veces más que el tope establecido por las autoridades electorales.
  2. La operación electoral se logró con el apoyo del cuestionado banquero Carlos Cabal Peniche. “Madrazo se deslindó de cualquier relación con Cabal “no hay ningún vínculo”, pero la realidad era muy distinta. Su casa de campaña, por ejemplo, fue anteriormente una oficina de Multimodal, dedicada a la comercialización de la platanera San Carlos, propiedad del entonces prófugo”.
  3. El presidente del Instituto Estatal Electoral (IEE), Gonzalo Quintana Giordano, fue vicepresidente regional de Banco Unión. Pedro Gutiérrez Santos, también ex funcionario del banco, era el encargado de coordinar los encuentros del candidato con los sectores productivos, mientras que a Alberto Banuet, coordinador de desarrollo político de la campaña, se le consideraba el enlace de Madrazo con el empresario. El encargado de promoción del voto en esta campaña fue Floricel Medina Péreznieto.
  4. El PRI se proclamó ganador. López Obrador dijo que se trataba de un triunfo “moralmente imposible”, y como prueba del fraude presentó la grabación de una plática telefónica donde se ordenaba la promoción del voto el mismo día de los comicios. El candidato perredista demandó la anulación de los comicios y el establecimiento de un gobierno interino, petición a la que se sumaron el PAN y el Partido del Trabajo (PT).
  5. El 24 de noviembre López Obrador inició la Caravana por la Democracia, que llegó al Distrito Federal el mismo día en que el presidente electo Ernesto Zedillo se reunía con los coordinadores parlamentarios del PRD, a quienes prometió revisar el caso Tabasco.   
  6. No pasó nada. El 5 de diciembre los tabasqueños regresaron a su entidad. Antes de partir, el senador Auldárico Hernández Gerónimo advirtió: “Madrazo no podrá gobernar”. Los perredistas bloquearon las instalaciones petroleras de Pemex, e instalaron un plantón permanente en la Plaza de Armas de Villahermosa, para evitar la toma de posesión.
  7. El último día de 1994 el gobernador rindió protesta, pero no pudo entrar al palacio de gobierno sino hasta finales de enero, cuando cientos de priistas desalojaron el plantón perredista. El 13 de mayo de 1995 se cerró el círculo. En su primera gira de trabajo por la entidad, el presidente Zedillo quiso concluir el conflicto: “Roberto Madrazo y yo gobernaremos hasta el año 2000”, dijo eufórico.
  8. Tres semanas más tarde aparecieron en el Zócalo varias cajas con documentos que probaban el gasto de 237 millones de pesos en la campaña del gobernador tabasqueño: 60 veces más que el tope asignado por el IEE. Con esos documentos, el PRD presentó en la PGR una demanda por delitos electorales, defraudación fiscal, encubrimiento de delitos fiscales y peculado en contra del gobernador Madrazo, quien a su vez presentó una demanda de controversia constitucional ante la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN), con el argumento de que el gobierno de la República no podía investigar ese asunto de competencia local.
  9. Mientras tanto, el PRD se mantuvo en resistencia civil permanente. La protesta duró un par de semanas. En ese lapso más de 200 perredistas fueron detenidos, e incluso se giró una orden de aprehensión contra López Obrador, que nunca fue ejecutada.”

De esa época de finales de 1994, 1995 e inicios de 1996 data la época de resistencia civil más activa de Andrés Manuel López Obrador en Tabasco, enfrentando la mano dura de Roberto Madrazo como gobernador ilegitimo del estado. 

De aquellos días cargados de rabia, activismo y esperanza el gran periodista Jaime Avilés realiza una reseña imperdible sobre la Caravana por la Democracia que a unos días del nuevo fraude partió de Tabasco a la Ciudad de México, este capítulo donde lamentablemente por un accidente perdieron la vida compañeros del movimiento, este episodio el periodista lo llama “La Guerra”…

“En camionetas de redilas, en camiones que sólo sirven para cargar caña de azúcar, amontonados como pueden, los protagonistas de la Caravana por la Democracia parten de Villahermosa el jueves 24 (de noviembre de 1994), pero no llegan muy lejos: duermen en la plaza pública de Cárdenas. Ahí se junta mucha más gente y la noche del viernes 25, en Coatzacoalcos, bajo la pestilencia mefítica del petróleo, una alfombra de cuerpos tendidos a la intemperie sobre sarapes evoca imágenes de 1910. El sábado 26, al cruzar la imponente región de los Tuxtlas, o de los brujos, en un paraje llamado La Victoria, un camión cañero se apaga a la mitad de una subida y su peso lo arrastra hacia atrás. El chofer pisa el freno pero éste se rompe, el vehículo se voltea y lanza a diestra y siniestra a sus pasajeros. Mueren instantáneamente Andrés García Torres, Diego Jiménez Morales y Antonio Hernández Contreras. Veintitantos heridos son trasladados a los hospitales de San Andrés Tuxtla. Sus lesiones, por fortuna, no son graves. 

“Hay, sin embargo, ocho compañeros que requieren atención especial. Andrés Manuel no puede ocultar la contrariedad que lo embarga. Va y viene de un hospital a otro, visita a los heridos, gestiona el envío de los cadáveres a sus lugares de origen; llama por teléfono a médicos especialistas que viven en Veracruz y los conmina a que vengan; manda a sus hombres de confianza a traer medicamentos de las farmacias de Coatzacoalcos. No duerme durante 72 horas. Anda como alma en pena. El accidente ablanda a la dirección nacional perredista. El martes 29 de noviembre, llegan los autobuses y embarcan a sus pasajeros. Éstos los desocupan en las primeras horas del miércoles 30, y los sarapes tapizan ahora la plancha del Zócalo. Pero Esteban Moctezuma, el hombre de confianza de Zedillo, ofrece revisar el expediente del fraude si el campamento se muda al Monumento a la Revolución.

El jueves 1 de diciembre, a las 11 de la mañana, Zedillo recibe la banda tricolor que todavía huele a Salinas. Con ese símbolo, se hace cargo del ruinoso estado en que se hallan las reservas internacionales del país.

“Como Salinas no devaluó el peso, el dólar sigue a 3.50 y están por agotarse las reservas del Banco de México. Dos horas después de la ceremonia, la Caravana por la Democracia se encamina al Zócalo, pero es reprimida por los granaderos en el Eje Central. Manuel Meneses, reportero de La Jornada, es retirado en camilla, inconsciente. La paliza sugiere que Esteban Moctezuma, nuevo secretario de Gobernación, todavía no coge las riendas de nada. Fuera ya del gobierno, Salinas y los magnates que se adueñaron de las mejores empresas públicas, intensifican el saqueo de dólares del Banco de México, porque Zedillo no se atreve a devaluar: piensa que no puede estrenarse así, y las consecuencias de su falta de carácter serán aún peores para el país. El 19 de diciembre, el EZLN revela, mediante una movilización militar incruenta, que tiene abierta presencia en 38 municipios de Chiapas. El Ejército sale de nuevo a las carreteras. La sociedad civil, a las calles. El obispo Samuel Ruiz se pone en huelga de hambre en San Cristóbal de Las Casas. La actriz Ofelia Medina también, pero en el Ángel de la Independencia. Zedillo aprovecha la conmoción y devalúa el peso 100 por ciento. Pero entonces aparece otro problema mayúsculo. En breve, México tendrá que pagar 10 mil millones de dólares, por concepto de rendimientos, a 40 millones de jubilados estadounidenses, que invirtieron los ahorros de su vida en bonos del gobierno de nuestro país. Y como Salinas dejó las reservas internacionales tan mermadas, México carece de fondos para honrar ese compromiso. La noticia provoca el colapso de todas las bolsas de valores del planeta. Pero Salinas, autor de la catástrofe, culpa a Zedillo de “los errores de diciembre”. (Avilés, 2012).

Después de entregarse la banda presidencial a Zedillo, no se palpaba un cambio de sexenio sino la continuidad de ambiente político adverso para el país: “Al asumir la presidencia, Ernesto Zedillo se enfrentó a una complejísima situación política y económica. El sistema político estaba totalmente desgastado. El poder que Salinas había acumulado, en lugar de resolver los conflictos los estaba creando. Zedillo debe haber percibido que la forma autoritaria de gobernar México tenía que reemplazarse”. (Ortiz Pinchetti, 2018).

1994 inició con el levantamiento indígena, continuó con los juegos de poder entre Salinas, Colosio y Camacho Solís, siguió con el asesinato de Colosio y la aparición en escena de Zedillo, las elecciones de agosto de 1991, y después el asesinato de Ruiz Massieu; pero lo peor para el pueblo estaba por venir, con la devaluación producto de una economía sostenida con alfileres y mentiras por Carlos Salinas, en el llamado error de diciembre, que cimbró los bolsillos de las familias.

Describe (CIDOB- Barcelona) que “el 19 de diciembre (de 1994) Zedillo no había cumplido su tercera semana de trabajo en la Residencia Oficial de Los Pinos (…) el presidente aprobó una devaluación monetaria del 15% que sin embargo fue invalidada de inmediato por la dinámica del mercado libre. Lo que se reveló, en toda su crudeza, fue una gravísima crisis financiera provocada por el embarque masivo de capitales especulativos, iniciado tras el asesinato de Colosio y acelerado en las últimas semanas, que totalizó los 24.000 millones de dólares. El peso, puesto en flotación el día 22, cayó en barrena y hasta el final de año perdió el 60% de su valor, convulsionando los mercados internacionales -el popularmente conocido como efecto tequila– y situando al sistema financiero mexicano al borde de la quiebra.

Después de la Caravana por la Democracia que no obtuvo resultados tangibles, pero si rompió el cerco de Madrazo a la resistencia y mantuvo el conflicto a ojos de la opinión pública, 1995 también significó un año de lucha para el pueblo humilde y digno de Tabasco, AMLO pasó de candidato nuevamente a dirigente político y social inquebrantable.

Escribe Jaime Avilés: “El 30 de enero de 1995, miles de personas —40 mil, según La Jornada y El Financiero, 45 mil según Reforma— se concentran en Villahermosa para escuchar a Cuauhtémoc Cárdenas, Porfirio Muñoz Ledo y Andrés Manuel López Obrador. Es la primera reunión masiva que celebra el movimiento democrático después de la represión en la plaza de armas. Como la Caravana por la Democracia no sirvió para nada, como el Plan 20 y 20 no impidió la toma de posesión de Madrazo, la gente quiere ocupar las 10 alcaldías que el PRD ganó pero le fueron arrebatadas por el fraude. En el templete se apretujan Amalia García, Jesús Ortega, Salvador Nava (hijo del doctor Salvador Nava, líder del movimiento democrático de San Luis Potosí), Samuel del Villar, Manuel Marcué Pardiñas, y muchos diputados federales y dirigentes estatales del PRD. Para evitar una vez más la tentación de la violencia, Andrés Manuel propone:

  • No reconocer al gobierno de Roberto Madrazo. 
  • No reconocer a ninguno de los 10 “gobiernos municipales espurios”. 
  • No pagar impuestos ni derechos al gobierno. 
  • No pagar ningún crédito, ni al gobierno ni a los bancos. 
  • No comprar en comercios de priístas autoritarios e intolerantes. 
  • No consumir productos fabricados o distribuidos por empresarios antidemocráticos.

Lo que más le gusta a la muchedumbre aquella mes eso de “no pagar derechos al gobierno”. Pronto habrá más de 50 mil usuarios de la Comisión Federal de Electricidad organizados para que no les corten la luz por no cubrir sus adeudos. Pero eso no basta para serenar los ánimos. Así que Andrés Manuel anuncia una nueva gira por los 17 municipios, para recoger más propuestas en asambleas ciudadanas. De ese recorrido —escribió en su libro Entre la historia y la esperanza—¹¹ nace la propuesta de formar un “gobierno popular”. Éste se dedicará a tres tareas fundamentales: Crear la Universidad Popular de la Chontalpa (UPCH). Constituir una Comercializadora de Productos Agropecuarios. Y una Bolsa Popular del Trabajo”. (Avilés, 2012).

Finalmente Roberto Madrazo gobernó Tabasco hasta 1999, pero siempre bajo sospecha del fraude y sin reconocimiento del pueblo, gobernando a salto de matas entre las protestas del movimiento democrático. AMLO mantuvo la lucha, y 1996 sería un momento central del obradorismo como movimiento social.

De la media década tabasqueña, Paco Taibo sintetizó:

“A mediados de los noventa le propuse a Luis Javier Solana, que coordinaba la sección editorial de El Universal, hacer un reportaje (en dos o tres entregas) sobre lo que sucedía en Tabasco, de alguna manera, el conflicto más duro que se estaba produciendo en México: Bloqueos de carreteras contra los abusos de Pemex, un enfrentamiento postelectoral, contra el fraude que llevó al gobierno electoral a Roberto Madrazo (de ingrata memoria), campesinos encarcelados, una movilización social permanente, que tenía a la cabeza a un personaje que empezaba a sonar fuerte dentro de las filas de la izquierda, Andrés Manuel López Obrador y que para el universo chilangocéntrico era poco conocido. 

*Este texto forma parte de un trabajo más amplio que se denomina: Los años de la resistencia, que será publicado en esta columna por entregas.

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