Por Mario A. Hernández (*)

La pandemia de COVID-19 ha traído grandes retos a todas las empresas y la industria manufacturera no ha sido la excepción. Las organizaciones del sector no estaban preparadas para una disrupción de este tipo, ya que la industria trabaja bajo esquemas programados y planeados para contar con una operación óptima. Por ello, alterar los procesos en la cadena de valor ha tenido un desbalance en el flujo de bienes, tanto para las compañías, sus proveedores, así como para sus clientes.

Aunado a lo anterior, las empresas tuvieron que detener sus operaciones de manera parcial y en algunos casos total, ocasionando que los proyectos se retomaran de manera gradual, impactando la inversión extranjera directa, las exportaciones, así como el empleo directo generado por la industria.

Sin embargo, el sector está demostrando que tiene la capacidad de afrontar estos desafíos, así como una gran resiliencia para salir adelante de la crisis. Es uno de los pilares más competitivos de México para apuntalar en el crecimiento de la economía, lo cual se debe, en gran parte, a modelos de planeación bien establecidos. Asimismo, la recuperación de la confianza en los inversionistas, contar con programas de financiamiento flexibles y la inversión en innovación y tecnología, serán grandes aliados para afrontar los retos de la industria en la nueva realidad.

La industria como detonador de crecimiento

La firma del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC) en 2020 fue un mensaje importante para los inversionistas, ya que reveló un alto nivel de confianza en la industria, según el estudio Perspectivas de la Alta Dirección en México 2021. Emerger ante la nueva realidad.

Si bien existen retos importantes derivados del acuerdo (incremento del valor agregado y del nivel salarial entre los países involucrados), un aspecto favorecedor para el país es que la industria de manufactura ha sido competitiva para la estimulación de la recuperación económica, por lo que los líderes del sector señalan que la entrada en vigor del tratado será positiva (63%).

Financiamiento para enfrentar la crisis

Por otro lado, en referencia a las fuentes de financiamiento para hacer frente a la crisis, es necesario dividir al sector en dos grandes rubros: empresas manufactureras con inversión nacional y aquellas con recursos de procedencia extranjera.

En cuanto a las segundas, no es común que recurran al sistema de financiamiento local; sin embargo, no hay limitaciones para que acudan a este. En cuanto a las compañías de inversión nacional, se deben hacer esfuerzos para que puedan obtener créditos accesibles, y así reactivar la capacidad económica de la industria y llegar a los niveles de producción que se requieren.

Innovación y transformación digital

Otros factores importantes en la competitividad de la industria de manufactura son la innovación y la transformación digital; elementos relevantes en la disrupción del sector. Continuar apostando por incrementar la inversión en tecnología, bajo el concepto de la industria 4.0 aporta gran valor para apuntalar las organizaciones en un alto grado de competitividad de acuerdo con las tendencias de consumo globales.

Derivado de la pandemia COVID-19, queda claro que el mundo está teniendo cambios importantes: la aceleración de la disrupción tecnológica ha transformado los hábitos de negocio y los patrones de consumo. Ante ello, la industria de manufactura en México tiene que adaptarse y ser disruptiva ante este panorama, favoreciendo la competitividad y el crecimiento económico que este importante sector puede aportar.

(*) Socio Líder del segmento IMMEX de KPMG en México

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