En nuestro país es más fácil adquirir y mantener una motocicleta que comprar un automóvil o pagar mucho dinero utilizando el transporte público. Además, lo practico que resulta desplazarse por todos los lugares hace que este vehículo sea de los medios de transporte preferidos de propios y extraños.

Esta situación ha provocado que las vialidades de nuestras grandes ciudades se vean envueltas en un desfile interminable de estas naves de dos llantas, donde el caos y la anarquía imperan sobre el orden y la civilidad.

Se estima que en México hay casi nueve millones de esos populares vehículos y en la capital el número asciende a casi ocho mil 500 unidades circulando sin ninguna restricción, provocando un escenario de enojo, enfrentamiento y de alta peligrosidad entre la ciudadanía porque ninguna autoridad ha sido capaz de frenar este crecimiento, y mucho menos de poner orden.

Aunque, en 2025 la autoridad local estableció el programa “Salvando Vidas” y aumentó significativamente las multas para intentar recuperar el control, las cosas siguen igual o peor.

Sumado a este caos y, por si fuera poco, la Secretaría de Seguridad Ciudadana (SSC) reporta que la incidencia de robo con violencia con motocicleta es de seis por cada diez casos.  Es decir, el crimen viaja en moto.

Dentro de este coctel descontrolado, la gente común -alguna cuerda y otra un tanto desquiciada- ha logrado adquirir su vehículo sin filtro ni distinciones y así, sin tener educación vial se lanza a la calle a transitar sin freno, sin idea, sin empatía, sin cortesía y con mucho grado de inmortalidad, locura y riesgo.

Observando su comportamiento en el asfalto, estos son los veinte mandamientos de los malandros de aquí, de allá y de acullá y me quedo corto. A poco no…

  •  Nunca circularé en medio de un carril normal. Buscaré mi hábitat natural que es la línea blanca que divide los carriles, pegado al retrovisor del coche más cercano.
  •  Los carriles confinados son para mí, en realidad, pistas VIP diseñadas exclusivamente para que vaya rebasando a todos y a una velocidad infernal.
  •  Si el tráfico es pesado y se detiene, las banquetas son una extensión de la carretera. Los peatones para mí son solo obstáculos móviles en mi videojuego personal.
  • Si no hago vibrar las ventanas de los edificios por donde paso con el rugir de mi motor no existo. 
  • El cráneo es duro. El casco es para los tontos.
  • El sentido contario para mí no existe, las señales con prohibiciones son para gente sin imaginación
  • Las direccionales para mí no sirven para nada. Mantengo el factor sorpresa para que los automovilistas ejerciten sus reflejos. Soy un genio.
  • Rebaso por donde se me da la gana. Puedo rebasar un camión de carga por la derecha en una curva y de esa forma siento por mis venas el calor emocionante de la adrenalina
  • Si el semáforo está en rojo quiere decir que puedo pasar sin que nadie me diga nada sin importar si pongo en riesgo la vida de otros. Es más, hasta acelero con potencia.
  • Me gusta pararmejusto encima de las rayas peatonales para que los que caminan admiren mi moto de cerca.
  • Atorar mi celular entre la oreja y el casco es la ingeniería mexicana que el mundo envidia y a mi más.
  • Cuando voy pasando, el mundo tiene que detenerse. La física dice que el más grande gana, pero mi audacia es más y los autos y las personas debe hacerse a un lado cuando yo les toque el claxon. Yo soy la prioridad.
  • Doblar la placa o llenarla de lodo es un truco de magia necesario para que las fotos multas no arruinen mi economía.
  • Si alguien no me dejó pasar en un espacio de 10 centímetros, tengo todo el derecho divino de romperle el retrovisor.
  • Para mí no hay regla de cupo. Si en mi moto caben tres adultos, un niño y el súper de la semana mi moto se convierte en un vehículo de transporte masivo.
  • Cuando paso por un túnel o una avenida principal debo de acelerar para que todos sepan que voy pasando y ensordezco a todos. Vivan los decibeles.
  • Las chamarras con protecciones me provocan calor, mejor uso bermudas y sandalias por si me caigo el asfalto me pueda dar un buen masaje.
  • La “vuelta prohibida” es un derecho que yo tengo por antonomasia.  Si el GPS dice a la izquierda, yo doy vuelta, aunque haya tres letreros prohibiéndolo.
  • Soy un zigzaguero eterno. Si no rozo o rallo tres defensas por minuto, pierdo el tiempo y el viaje no me sabe a nada.

20.La culpa siempre será del otro. No importa si choco contra algún automovilista si conducía a más de cien kilómetros por hora en una vialidad donde la velocidad máxima era de veinte. No, la culpa no es mía y menos la responsabilidad. El culpable siempre es y será el otro. Yo soy bueno.

Posdata: si te sirve este dato apúntalo en tu memoria: en México se registran alrededor de 50 accidentes diarios donde una motocicleta está involucrada y el IMSS reporta que cada día atienden a alrededor de 145 personas accidentadas en ese vehículo.