Es imposible hablar del diputado Mario Delgado sin relacionarlo con su pasado inmediato. No puedo, ni debo, hacer semblanzas parciales o a modo, pues cualquier texto perdería la credibilidad que implora. Tampoco tengo motivaciones suficientes para ser su biógrafo.

En virtud del proceso ordenado por el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación al Instituto Nacional Electoral para que coordinara una encuesta entre militantes y simpatizantes de Morena con el objetivo de elegir a su presidente y Secretario General del Comité Ejecutivo Nacional.

Hace quince días, empezaron a surgir pequeñas campañas por parte de aspirantes diversos que -como todos – buscaban trascender en fama su propio entorno. Serían las redes sociales los mecanismos de difusión. Cien pesos diarios en twitter, o quizá, por su mayor cobertura, doscientos pesos en Facebook. Cadenas de WhattsApp entre los amigos y una que otra llamada telefónica. Esa era la tónica que imperaba. De pronto, apareció en el firmamento, una nueva estrella en el ámbito político mexicano. Todos querían saber de él, saludarlo, tomarse una “selfie”, hacerle una petición de cargo o candidatura. Era el hombre del momento, el destinatario de la confianza en el  Congreso de la Unión para que fuera él, y sólo él, quien dirigiera los destinos de Morena los próximos  tres años. México estaba de fiesta, las ciudades cambiaban de imagen. La mayoría mostraban, con anuncios espectaculares, una nueva cara que se repetía una y otra vez a lo largo de todo el país. Muchos diputados federales de Morena ocupaban -con publicidad pagada- sus espacios en redes sociales para difundir generosamente la figura de su jefe. Y no era para menos, les había prometido que serían reelegidos, con independencia de sus actuaciones, y por si esto fuera poco, tendrían al final de la legislatura, un cuantioso finiquito.

Muy bien, se valía ayudar al candidato, “ahora por él, mañana por mí”. Pero había una duda razonable que les atormentaba por su gravedad: ¿De dónde venían esos cuantiosos recursos para semejante cruzada? En la breve historia de Morena nadie se había atrevido a desafiar la necesaria austeridad.

Las grabaciones de audio en la casa de Bertha Luján nos dan pistas; la misma Bertha asegura el dinero es de la Cámara de Diputados. El sobrino (Fernando Bedel Tiscareño Luján) dice que son recursos de juegos y sorteos de Gobernación, así como de empresarios “chafas”. Ramírez Cuéllar, solícito ante Luján, no se queda atrás y dice que él le está metiendo dinero a las campañas de Porfirio (que no levanta) y de Citlalli Hernández.

Todos, de comprobarse estos dichos “cupulares”, deberían ser sancionados pues es dinero público.

En diciembre del 2012, Mario Delgado Carrillo, presentaba con gran entusiasmo una iniciativa de Peña Nieto para la reforma educativa que entre otras linduras decía lo siguiente: “De manera muy acertada, la reforma del “pacto por México” plantea el tema por la evaluación, nuestro sistema educativo no puede ser mejor si no lo valuamos a todo en su conjunto, el desempeño académico, a todo, a los maestros, a la infraestructura educativa…”

Esta iniciativa sería rechazada en su momento por nuestro actual presidente por considerarla punitiva con los maestros. A fines de marzo del año pasado López Obrador afirmaba que su compromiso de cancelar la Reforma Educativa era un hecho que se estaba cumpliendo, manifestando su deseo de que los maestros de todo el país tuvieran la tranquilidad de no ser señalados ni perseguidos. José Vidal Partida, decía el 21 de Septiembre “Reconozco que yo no sabía que Mario Delgado había sido el promotor de la Reforma Educativa en el senado en 2012. Los maestros de México no debemos apoyar o elegir a nuestro verdugo para que presida Morena”.

La biografía de Porfirio Muñoz Ledo es tan amplia como repetitiva, siempre ha buscado estar junto al poder sin importar el signo ideológico de los gobiernos.

Recuerdo en 2006, se presentaba el cierre de campaña del candidato del PRD a la presidencia de la república. El escenario elegido, había sido el zócalo que presentaba un lleno absoluto derramando sus excesos en calles aledañas. Porfirio, que huele el poder, se hacía presente como “telonero” en el evento. El conductor, con entusiasta ingenuidad, cuando hacía la presentación del político multicolor, cambiaba su sonrisa por un gesto de sorpresa al recibir por parte de la concurrencia la más sonora silbatina y abucheos en reclamo por aquella presencia no deseada. Quienes vivimos aquel momento tuvimos dos complejas sensaciones, pena ajena por el ser humano y coraje por su cinismo impune.

 

¡Mario Delgado y Porfirio Muñoz Ledo representan un alto precio que Morena ha debido pagar por su pluralidad incluyente!

 

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