I.

En el verano de 1996, por los días de junio, hace 24 años le dejamos a José Emilio Pacheco en el buzón de su casa en el rumbo de Patriotismo la antología Sangre Prestada de poetas urbanos demasiado jóvenes del proyecto editorial alternativo de Ediciones del Vórtice, unos días antes en una breve llamada por teléfono a nuestra solicitud de que conociera el material, nos pidió por favor que lo lleváramos a su casa y prometió leerlo cuando tuviera algo de tiempo. Sabíamos que gran parte de sus horas transcurrían en la minuciosa elaboración de su columna semanal Inventario en Proceso que siempre firmaba JEP.

Semanas después un par de compañeros de la editorial le llamamos a su casa para conocer sus observaciones, sabíamos que era una persona muy sobria, que no gustaba de estar en eventos de la cartelera cultural o en tertulias literarias, en ese aspecto quizá era diametralmente opuesto a Carlos Monsiváis, o quizá era su complemento, pues también desde jóvenes habían contemporizado en sus primeras batallas literarias.

Nos agolpamos y arrebatábamos la bocina del teléfono para tratar de escuchar la respuesta del maestro, quien muy amable palabras más palabras menos, en un medio minuto nos dijo “leí algunas cosas, cuiden detalles, lean y vuelva a leer lo que escriben una y otra vez, les deseo suerte”. Nos alegró profundamente hubiera leído algunos poemas, con el tiempo supimos que no “nos había dado el avión”, no sólo por su reconocida probidad sino porque descubrimos en diversos textos de crítica literaria que el método de Pacheco era la reescritura permanente de su obra, y más aún de las traducciones que realizó de grandes escritores como Truman Capote o T.S. Eliot.

José Emilio Pacheco consideraba la literatura como algo dinámico, una búsqueda incesante de la precisión. Eso nos pareció un camino fascinante, como si los trabajadores que edificaron alguna catedral siguieran ahí después de siglos cincelando detalles, que podrían parecer insignificantes -pero como en un viaje al pasado- donde tocar inapropiadamente algo podría trastocar todo el devenir.

“Modificar sus certezas era para José Emilio una necesidad. Lo que leía lo obligaba a releer lo que había escrito de otra manera, a modificar, muchas veces de manera radical sus propios textos”. (Ruisánchez, 2019). Ese era el mensaje que de manera honesta intentó trasmitirnos a un pequeño grupo de veinteañeros que aspiraba a cruzar los horizontes de la poesía y el cuento. Tan puntual, tan sencillo: leer y releer, escribir y reescribir, no darse por vencido y tampoco por satisfecho. “La duda” y “seguir pensando” comenta Ruizsánchez en un texto en recuerdo de su amigo, como génesis o cimiento del pensamiento crítico de Pacheco.

II.

¿Quién no ha leído Batallas en el desierto? El mejor escritor del medio siglo mexicano se le ha bautizado. La ciudad de la nostalgia. La ciudad del milagro nacional del siglo XX, con sus paseos nocturnos, serenos y arbolados. Muy generosamente valoramos de un autor de su calibre -ya hito cultural en los años noventa, la consideración de escucharnos que tuvo el poeta, que quizá lejanamente  lo remitió a su precoz vida literaria, cuando recorría con su amigo treintañero Carlos Monsiváis las páginas de suplementos culturales.

Refiere Jenaro Villamil en una estupenda entrevista sobre Carlos Monsiváis realizada a José Emilio Pacheco en mayo de 2008:

“-¿Conoce usted a Carlos Monsiváis?

“-No, para nada.

“-Pero ha sido amigo suyo durante cincuenta años.

“-Es cierto, sin embargo, esa eternidad no me autoriza a decir que lo conozco. Oportunidades no han faltado: durante la adolescencia y la juventud, inmensas caminatas nocturnas por la Ciudad de México, después largos trayectos aéreos, prolongadas estancias compartidas en otros países. Y no me refiero nada más a la vida íntima: en torno a él hay datos esenciales que ignoro por completo o acabo de enterarme de ellos”.

José Emilio Pacheco era un año menor que Carlos Monsiváis, por lo que compartieron aventuras juveniles: “Dos intelectuales que crecieron en la misma década, formaron parte de la revista Medio Siglo y junto con muchos otros, pero especialmente, con el novelista Sergio Pitol, frecuentaron aquel café Kikos y la antigua librería El Caballito, en los tempranos años sesenta”. Ha referido Villamil.

En aquellos años la ciencia ficción de la época fue un resistente hilo que conectó a Pacheco y Monsiváis. Radio UNAM y la página electrónica La Merolica en un texto del 31 de diciembre de 2018, titulado “El mundo de la ciencia ficción a los ojos de Pacheco y Monsiváis” rescatan y remiten a una zaga de 11 programas sobre ciencia ficción producidos por los escritores. “En 1964, la ciencia ficción más que un género literario es un estado de ánimo internacional”, parece contar Monsiváis a través de los locutores Sergio de Alba y Rodríguez Llerena*.

Cuando la guerra fría tensaba el mundo: “En 1964-65, José Emilio Pacheco y Carlos Monsiváis evidenciaron su gusto por la literatura de ciencia ficción a través de la producción de El mundo de la ciencia ficción, un programa para radio de once capítulos a manera de introducir al radioescucha en el género en cuestión. En cada entrega, se presentaban autores, obras y subgéneros, y todo ello se aderezaba exquisitamente con la lectura dramatizada de un texto generalmente inédito en español. La sola idea de ver a Pacheco y Monsiváis juntos es llamativa. Ahora, verlos en un proyecto de divulgación de la ciencia ficción resulta imperdible. El programa entero tiene su sello: parecería que se les escucha platicar entre ellos sobre el tema pero en una prosa sofisticada y a la vez juguetona. Asimismo, la selección de mini-textos cumple su objetivo de mostrar la diversidad de temas y tipos de narrativa que puede adoptar la literatura de ciencia ficción.”

Platican los locutores: “Son los años del radar y la física cuántica, la energía atómica y los satélites, los primeros cosmonautas, la bomba de hidrógeno, el psicoanálisis. Es la edad inicial de la gran era científica que hacen cobrar a la ciencia ficción un vigor inusitado”.

III.

El 30 de junio se cumple un aniversario del natalicio del escritor, poeta, ensayista, periodista, historiador y traductor José Emilio Pacheco. Nacido en 1939, Pacheco abrevó de Monsiváis y viceversa.

En la despedida de ambos, no es menor el compromiso intelectual hasta sus últimas horas, de José Emilio Pacheco y su compañero generacional Carlos Monsiváis, en Proceso (No. 1943) recuerda Villamil:

“Ambos fallecieron “en la raya” –como bien describió Laura Emilia Pacheco de su padre-, trabajando en su última colaboración para Proceso.

En marzo del 2010, Monsiváis me dictó su última columna de “Por mi Madre Bohemios” con una desesperanza muy grande por lo que él llamaba “las consecuencias del espíritu fascista” del gobierno de Felipe Calderón.

En enero del 2013, Pacheco escribió su segundo Inventario, dedicado al gran poeta argentino Juan Gelman, con una reflexión poética y provocadora:

“¿Existirá una palabra para la nostalgia de lo que no fue y estuvo a punto de ser?”

*Nota. El mundo de la ciencia ficción, transmitido en 1964-65 por Radio Universidad Nacional, producido y escrito por José Emilio Pacheco y Carlos Monsiváis, puede escucharse en sus once capítulos en:

http://www.radiopodcast.unam.mx/podcast/verserie/174

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