Un 4 de mayo de 1938 nació el célebre cronista, ensayista y narrador mexicano Carlos Monsiváis, personaje que encarnó la Ciudad para retratarla en sus letras, reconocido como uno de los grandes contribuyentes de la cultura nacional y la lengua española.

Monsiváis viajaba a pie o en Metro desde su casa en la Colonia Portales para visitar cotidianamente los pequeños y grandes acontecimientos de la urbe, anotarlos en una pequeña libreta y convertirlos en frases irónicas de circulación nacional.

Era de los escasos escritores reconocido por expendedores de periódico y billetes de lotería, taquilleras del Metro, taqueros, organilleros, lustradores de calzado, meseros, vendedores de frutas o jugos, taxistas y otros héroes anónimos del caos urbano. Adolfo Castañón en su ensayo “Un hombre llamado ciudad” lo definió como “el último escritor público en México”, porque “no sólo todos los mexicanos lo han leído u oído, sino que también lo podrían reconocer físicamente.”

En el México del cambio de siglo no había mesa redonda, tertulia literaria o conferencia relevante de la cartelera cultural donde no estuviera presente el escritor, de sus participaciones siempre ilustrativas abrevaban información de primera mano jubilados, amas de casa, estudiantes, desempleados, profesionistas, chavos banda, deportistas y un largo etcétera de interesados en construir una opinión independiente y fundamentada. Por decirlo en otras palabras, a falta de redes sociales, Monsiváis era el “influencer” de la época en vivo y directo “trasmitiendo para los presentes y los abajo siempre firmantes” en casas de cultura, teatros, auditorios, foros alternativos, cantinas y plazas públicas.

Monsiváis asistía a la noticia. El Mundial de futbol, el estreno cinematográfico, la marcha de protesta, la puesta en escena, las festividades en los barrios antiguos, las lucha por la diversidad, las campañas políticas, los actos religiosos, la nota roja, las devaluaciones, la solidaridad ante los sismos, los discursos huecos de la elite política, los movimientos populares y un sinfín de temáticas, fenómenos socioculturales, coyunturas políticas y primeras planas eran caracterizadas en su muy peculiar estilo. De ello no estuvo exenta la pandemia de la influenza en 2009 como veremos más adelante.

El método era interiorizarse en el suceso. En el cine por ejemplo Monsiváis tuvo papeles secundarios en películas que se convirtieron en hitos, como En este pueblo no hay ladrones y Los Caifanes. Sus opiniones del séptimo arte por ende tenían elementos que trascendían las de un simple espectador, provenían del empirismo.

Sus grandes crónicas son compiladas en obras fundamentales para la comprensión del México reciente como Días de guardar (1971), que detalla el movimiento estudiantil del 68; Amor perdido (1976), donde comenta vertientes heterogéneas pero de acceso masivo como el cine, la canción popular, el sindicalismo o la militancia; y Entrada libre (1987), que recupera la génesis de la sociedad civil en México.

En lo referente a su principal gusto el ensayo irradian textos como: Características de la cultura nacional (1969); Historias para temblar: 19 de septiembre de 1985 (1988); y Aires de familia: cultura y sociedad en América Latina (2000). De sus últimos libros es imprescindible El 68 y la tradición de la resistencia (2008).

En 2009, en la etapa final de su existencia, Carlos Monsiváis vivió también un “escenario de pandemia” con la Influenza A (H1N1) que padeció México principalmente a partir de marzo de dicho año.

En aquel sexenio después de una cuestionada elección gobernaba México el panista Felipe Calderón, un gran sector de la población lo consideraba “usurpador” y sus principales acciones ante la contingencia fueron: un decreto que significó un virtual toque de queda en grandes regiones del país y nuevos endeudamientos a organismos financieros bajo el pretexto de “combatir el jinete del apocalipsis de la enfermedad y comprar vacunas.”  De abril de 2009 a abril de 2010 la Influenza A (H1N1) infectó a 70,715 personas, y de ellas lamentablemente fallecieron 1172.

El escritor mexicano, que era popular disidente de los gobiernos neoliberales, realizó diversas apreciaciones sobre el fenómeno sanitario que se originó en Veracruz, México y se extendió  a diversos países.

La actuación del entonces gobierno federal fue totalmente contrastante a la del actual, destacando la apuesta por las medidas autoritarias y coercitivas, la ausencia de información oficial (no había un informe diario ni pormenorizado) y la falta de medidas oportunas (el primer brote de Influenza se dio en el entonces DF el 18 de marzo y se tomó la decisión de suspender clases hasta el 23 de abril).

El 28 de abril de 2009, Carlos Monsiváis recalcó el tema de la solidaridad social ante la inédita emergencia: “Solidaridad es no querer infectarse ni querer infectar, esa es la prueba mayor de solidaridad”. Un precepto que hoy en 2020 sin duda se mantiene vigente.

Ante el papel del gobierno federal panista, el escritor publicó el artículo Definiciones en tiempo de cuarentena en El Siglo de Torreón justo hace 11 años (el 3 de mayo de 2009), que es ilustrativo del ayer y hoy, entre los mismos actores (gobierno, sociedad y medios) y una situación adversa de similar complejidad.

Escribió Monsiváis:

“Se atraviesa por la fase 5 de una crisis de salud mundial, y por doquier se observan las medidas precautorias, los rostros de aflicción distendida de los altos funcionarios (una tregua de las preocupaciones urgentes), la confusión que desemboca en la pregunta cotidiana: ¿Me podrían decir que está pasando?”.

Siempre optimista moderado sobre su tesis de una sociedad caminando pasos adelante que el gobierno, en 2009, Monsiváis refrendaba su esperanza en ello:

“La amenaza de la pandemia es muy real, las medidas a seguir son prudentes y ni los muros de la patria se han desmoronado por entero ni hay en la experiencia reciente muros fuertes. ¿Qué le vamos a hacer? La población es disciplinada pero el manejo de la información es feudal.”

De medios, gobierno y sociedad ante el fenómeno:

“La información fluye, pero no por los caminos habituales, sino por los de inducciones y deducciones. Allí, en la especulación se halla la verdad y si esta cambia de persona en persona, de medio informativo a medio informativo, y de funcionario a funcionario, tanto mejor. Una verdad ya sedentaria es puro anacronismo.”

Ahora tenemos un gobierno que informa diariamente de la pandemia, con datos duros actualizados y desglosados, con decisiones sujetas a la óptica científica de un equipo técnico, y con una gran apuesta al esfuerzo de la familia y la sociedad civil, empeñados en buscar la comprensión colectiva del problema y no por imponer la coerción. A su vez, observamos a los mismos medios (sin generalizar) muy cuestionados por su papel, máxime que ahora las redes sociales desnudan todo intento de manipulación.

Hace 11 años de aquella pandemia y casi 10 de la ausencia física de Carlos Monsiváis. ¿Qué tanto hemos cambiado como actores sociales? Un sector consideramos que se ha mejorado en positivo, las condiciones son otras y las comparaciones pueden ser seguramente anacrónicas, pero estamos ciertos en 2020 que la sociedad en su mayoría ha actuado con sabiduría y disciplina; y el gobierno con máxima transparencia y dando su lugar a la ciencia médica. Ya no está Monsiváis para darnos su opinión, pero si su obra para inculcarnos la reflexión y la crítica. Revisitemos su obra en función de advertir luz para el presente.

 

 

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