En 2010 se conmemoró oficialmente el Bicentenario de la Independencia de México y el Centenario de la Revolución; los festejos gubernamentales estuvieron ensombrecidos por la violencia que azotaba al país, generada por la falsa guerra contra el narco de Felipe Calderón; un presidente espurio al que la mayoría del pueblo veía con desprecio, por ello los eventos formales de las gestas revolucionarias se caracterizaron por la apatía, y en el grito calderonista del Zócalo hubo una enorme rechifla dirigida sin recato por el respetable al balcón presidencial, cuando apareció el pequeño usurpador.

En un muy alto contraste, el presidente legítimo de México, Andrés Manuel López Obrador dio el Grito de los Libres en la Plaza de las Tres Culturas de Tlatelolco. Con ese acto republicano se mantenía la resistencia popular al gobierno espurio, y justo en el espacio que históricamente ha simbolizado la defensa de la democracia contra el autoritarismo y la represión, como lo es Tlatelolco. La ciudad gemela de México- Tenochtitlán. 

Ahí decenas de activistas nos dimos a la tarea de convocar a un acto de esperanza, que lograra trascender el ominoso presente del calderonismo, y que canalizara el miedo y la impotencia en creatividad y firmeza.

De ese encuentro surgió la idea de profundizar la crítica social al odio y la violencia como discurso del régimen panista, y construir una nueva narrativa desde el movimiento social, basada en el amor a México y la fraternidad, en la perspectiva que a la muerte que rondaba con la guadaña fresca todos los rincones del país. Habría que responder a ese infierno con un Proyecto Alternativo de Nación, simbólicamente concebido como la República Amorosa.

El festival tomó su nombre de la convocatoria que hizo Andrés Manuel López Obrador en el sentido de “crear una nueva corriente de pensamiento para fortalecer valores culturales, morales y espirituales”, con la mira puesta en crear un nuevo Estado, fraterno y solidario.

Así, convocamos a la primera edición del Festival de la Fraternidad y el Amor a México, llamado coloquialmente como el AMLOVE, que organizamos con nuestros propios medios la organización ciudadana Flor y Canto y el Frente Social por la Igualdad, el sábado 25 de septiembre de 2010, en la explanada de Bellas Artes. Diez días después del grito en Tlatelolco.

El diario La Jornada, que era prácticamente el único medio alternativo de comunicación a escala masiva (las benditas redes sociales apenas estaban permeando sobre todo entre los jóvenes), reseñó el domingo siguiente:

“Al filo del mediodía, decenas de activistas ataviados con camisetas rojas en las que aparece la imagen del político tabasqueño (AMLO), comenzaron a instalar pequeños escenarios improvisados donde realizaron conciertos de son jarocho, obras de teatro y talleres para niños, danza árabe y bodypainting, además de módulos de recepción de víveres para los damnificados por el huracán Karl, en Veracruz.

“La finalidad del encuentro, en el que participaron activistas de las organizaciones Flor y Canto, Frente Social por la Igualdad y Jóvenes de Izquierda Social, además de artistas independientes, fue llevar a la realidad –aunque sea por unas horas– el llamado de López Obrador de crear una nueva república basada en el amor.

“Uno de los puntos cumbre del acto fue cuando los asistentes –alrededor de las 2 de la tarde– se tomaron de las manos para formar la silueta de un corazón, en cuyo interior lanzaron papeles rojos y pusieron las iniciales: AMLO, aunque de última hora se olvidaron de agregar el número 12, como estaba planeado.

“Ya con la figura bien delineada –que pudo apreciarse mucho mejor desde los pisos superiores de los edificios que rodean Bellas Artes–, los activistas alzaron los brazos, gritaron consignas y aplaudieron, en festejo por el inicio de la campaña del ex jefe de gobierno capitalino”.

Todo ello significaba un mensaje de reactivación, luego de los duros golpes del desafuero de 2004-2005 y sobre todo del fraude electoral de 2006. Entonces desde uno de los lugares más bellos de la escenografía citadina, se mandó el mensaje: 

“Vamos a demostrar que la dignidad puede contra el dinero; que es posible organizarnos de manera autogestiva y hacer este tipo de festivales, sin necesidad de derroches económicos, como hacen las televisoras con su candidato Enrique Peña Nieto”.

Entre los artistas participantes estuvieron representantes de géneros tan disímbolos como Nacho Pata (rock para niños), Raúl Martell (cantante que acompañó a AMLO en toda su primera campaña en el año 2000 por las mil colonias del entonces Distrito Federal), bandas de surf (los durísimos), trova, son jarocho, pero sobre todo un sinfín de artistas independientes que se apuntaron guitarra en mano, o a capela para entonar canciones de rabia, dignidad y esperanza. También hubo bailables folclóricos, teatro, danza, capoeira; todos los del elenco alegres decían: “al fin me presenté en Bellas Artes”.

En un comunicado, el Frente Social por la Igualdad refirió:

“En el AMLOVE se da cita el pueblo que ama, lucha, vive y sueña, en contraste con los signos ominosos de un régimen espurio y caduco: odio, guerra, conformismo, y violencia.

“Las y los jóvenes necesitan espacios para expresarse culturalmente, ante dicha necesidad la respuesta del sistema ha sido exclusión educativa, cultural y social. En los hechos nosotros debemos luchar por abrir foros para las y los chavos que cantan, pintan, bailan, escriben, crean. El horizonte es educación, empleo y cultura para la juventud.

“Ante el despilfarro de recursos económicos para “hacer política” que lamentablemente predomina, apelamos a que se pueden efectuar iniciativas políticas con nuestros propios medios, la democracia no debe ser sinónimo de dinero.

“Hoy que sabemos que el cambio no vendrá de ninguna cúpula política o económica, ni de los medios de comunicación, el cambio vendrá del pueblo organizado o no vendrá.”

La fotografía tomada desde el restaurante de enfrente del Palacio de Bellas Artes con el corazón humano -que no requirió más que la coperacha para comprar unos rollos de papel de china rojo-, recorrió el mundo, e incendió la pasión por el movimiento. Otra vez nos poníamos de pie, las lágrimas brotaron al cantar el Himno Nacional. Meses después en un evento en Tlatlaya la niña Nirvana le obsequió a AMLO la foto enmarcada del corazón, años después supimos que la imagen presidía una de sus oficinas en la famosa casa de San Luis en la Colonia Roma, desde donde se fraguó el triunfo pacífico del pueblo organizado en 2018.

La frase AMLOVE también entusiasmó a los activistas del movimiento, algún vivo incluso quiso patentarla por suerte sin lograrlo, pues la idea pertenecía a todos, y se plasmó en carteles, lonas, vasos, tasas, playeras, posters, llaveros, botones, y todo tipo de souvenirs diseñados desde la misma creatividad del pueblo, sin afanes de lucro, sino con el objetivo de llevar un mensaje contundente del significado amoroso de la propuesta colectiva de cambio, en tiempos de burda guerra sucia. Los medios de comunicación del poder decían AMLO es igual a MALO, pero con cartulinas a mano o pintas la raza los contradecía: AMLO es AMLOVE, en otras palabras, el movimiento es amor a México

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