Por Frida López Rodríguez

@FridaLopRod

El pasado 17 de octubre se conmemoraron 65 años del sufragio femenino en México, lo cual fue un avance importante para  la consolidación de la democracia constitucional del país. La obtención de ese derecho significó una clara adhesión por parte de las mujeres a la vida pública a través de sus instituciones y sus marcos normativos. La lucha por el derecho al voto fue una lucha por el reconocimiento y por el ejercicio pleno de la ciudadanía; las mujeres estaban convencidas de que sólo con sus derechos garantizados podrían ser realmente sujetos políticos. Esto es importante reiterarlo: las primeras expresiones del feminismo en el país tuvieron como objetivo fortalecer la democracia, intención que suele ser olvidada por las feministas de la actualidad y que ha provocado severas contradicciones que afectan al bienestar público.

Generalmente, las jóvenes activistas insisten en la idea de que sin el feminismo las mujeres no gozaríamos de las libertades que hoy tenemos, de lo cual infieren que toda mujer debe en primer orden militar como feminista. Sin embargo, esto no es del todo cierto: efectivamente existió una corriente feminista a lo largo de la historia, sin embargo, esta fue posibilitada e impulsada por grandes procesos políticos como lo fueron el liberalismo juarista y la Revolución Mexicana. El Partido Liberal fue el primero en impulsar un proyecto educativo en condiciones de igualdad y las mujeres apoyaron a este partido a través de agrupaciones como las “Admiradoras de Juárez”, conformada por Eulalia Guzmán, Hermila Galindo y Luz Vera; quienes fundaron la corriente del feminismo constitucionalista.

Bajo el influjo del movimiento revolucionario, el gobernador del estado de Yucatán, Salvador Alvarado, organizó el Primer Congreso feminista estatal en 1916, el cual fungió como la primera plataforma de encuentro entre mujeres a nivel nacional. Durante la campaña presidencial del presidente Lázaro Cárdenas se conformó el Frente de Mujeres Mexicanas que representado por él, en calidad de primer mandatario, presentó en 1937 la iniciativa para reformar el artículo 34° constitucional y hacer que se reconociera la ciudadanía de las mujeres.

El poder legislativo ratificó en general la iniciativa presidencial pero las legislaturas locales frenaron su plena aprobación. Fue hasta la administración de Miguel Alemán con su proyecto de modernización del país que la mujer obtuvo el reconocimiento de su derecho al voto y a ser votada en el año de 1947. Y en las elecciones para diputados federales en el año de 1955, bajo el gobierno de Adolfo Ruiz Cortines, las mujeres mexicanas votaron por primera vez a nivel nacional.

La ruta histórica para la obtención del derecho al voto, brevemente aquí expuesta, es un llamado de atención para superar al feminismo de corte radical que no es el más adecuado para brindarle continuidad a los derechos que consiguió una militancia de mujeres que se involucró con el desarrollo político del país. Tales corrientes militantes se comprometieron con los grandes proyectos nacionales, adoptando los retos de la democracia como propios. El Estado mexicano bajo determinados proyectos genuinamente sociales, impulsó las exigencias de las mujeres así como su organización política. Es falsa aquella máxima del feminismo radical de que el Estado ha sido siempre el enemigo o el causante de una supuesta opresión eterna hacia las mujeres.

Es urgente limitar los excesos de un discurso feminista-anarquista, el cual no ha sido responsable con la historia y con la lucha por la obtención de los derechos políticos de las mujeres. Asimismo, se requiere un cambio de dirección en la manera en que las mujeres actualmente participan en la vida pública, ya que experimentamos una época de intensa polarización en la cual el feminismo radical ha contribuido a  agravarla aún más. Las mujeres estamos siendo rebasadas por un torbellino destructivo, nihilista, que en lugar de ser criticado, está siendo usado por determinados grupos conservadores, así como impulsado de manera errónea por los progresistas de izquierda, cayendo en los excesos de un populismo que se engolosina con lo políticamente correcto.

Existe un gran vacío de identidad en el feminismo hegemónico actual que lo hace presa de las malversaciones, pero sobretodo presa de su falta de autocrítica y visión. Lo cual puede generar graves daños en la ciudadanía: las mujeres podemos dejar de ser aquellos sujetos políticos que anhelamos ser y convertirnos en el símbolo de la desconfianza. Nosotras debemos ser las primeras en discutir lo que está sucediendo, lamentablemente somos las primeras en censurarnos; existe la semilla de un fanatismo que podría volverse un grave problema y sobretodo en un retroceso, paradójicamente, histórico.

 *Tesista de la Licenciatura en Filosofía por la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM. Integrante del Consejo Consultivo de Jóvenes de Cultura UNAM  y del Consejo Editorial de la Revista de la Universidad. Fue representante estudiantil en el Consejo Académico del Área de las Humanidades y las Artes de la UNAM de 2016 a 2018.

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