La educación vuelve a mostrar su realidad. La realidad a la que la llevaron quienes se eligieron como representantes de la sociedad en diferentes momentos. Desde el más alto cargo al que se puede aspirar por la vía del voto, hasta el paso por las cámaras, las gubernaturas, las alcaldías y  las regidurías.

La realidad en la que participaron los secretarios del ramo de las entidades estatales y federales. Una realidad que es consecuencia de la poca atención presupuestal y del impacto psicosocial con que ha sido mirada la educación durante casi cuatro décadas.

Esa realidad que nos ha llevado a enfrentar una pandemia inesperada sin los argumentos formativos integrales de salud, emocionales y en valores, que debía haber provisto el estado como una obligación para su población.

Bajo ese dogma oscuro y gracias a la tecnología,  nos enteramos que lo único que les interesaba a esos políticos insensibles
es sumar poder y riqueza. La educación nunca les ha interesado.

El video que se ha popularizado recientemente en las redes sociales, muestra la degradación política de los mismos. Los revanchismos, venganzas, extorsiones, golpes mediáticos o quizá deseos de evidenciar a quienes no merecen ocupar cargos públicos por corruptos.

Y lo más lamentable es que muchos de estos personajes han tendido alguna relación con nuestro sistema educativo sin mostrar sensibilidad por ese importante y vital tema para la sociedad. 

En algún momento de su vida estuvieron relacionados con una escuela de nuestro país. Muchos cursaron su carrera en planteles nacionales y algunos terminaron sus maestrías y doctorados.

Otros tuvieron el privilegio de realizar sus estudios en el extranjero, y en ninguno de los casos, se ocuparon de hacer un diagnóstico serio sobre el estado que guarda la educación en México, y mucho menos una solución real y efectiva que termine con el bajo nivel de enseñanza.

Esto no quiere decir que las escuelas los volvieron corruptos y ambiciosos. El reto es que se tiene que revertir esa tendencia para darle a la educación la importancia que merece.

La educación tiene que ser prioridad para la Nación. Es un asunto de seguridad nacional. Imaginar que las reformas al sistema educativo fueron analizadas y votadas por personajes insensibles y con valores tan distorsionados, es obligado dudar que dichas reformas tengan la profundidad que necesita y le urgen a nuestra sociedad.

Por eso es importante trabajar en conjunto para recuperar valores, sensibilizar a la  ciudadanía, fomentar la empatía, el humanismo, el nacionalismo cultural, recuperar la cultura del esfuerzo, aprender a vivir con salud física y emocional es lo único que puede permitirnos aspirar a reducir la corrupción, la criminalidad, la impunidad y las adicciones a su mínima expresión.

El deterioro del tejido social tiene su origen en la desvalorización de los individuos, en el fomento de la ambición desmedida provocada por el sistema mediático indiscriminado del tener, tener y tener, donde la mercadotecnia domina las conciencias y las impone de manera unilateral.

No hay de otra. Si no corregimos, seguiremos viviendo en un caos permanente. Todos somos responsables de un cambio verdadero. Y ese cambio se tiene que dar desde los procesos educativos hasta la intimidad de los hogares.

Reeducar a toda una nación es un reto para titanes, y más en las circunstancias en las que nos colocó la pandemia. Si antes, el problema era mayúsculo, el virus lo potenció aún más y suena heroico resolverlo, pero así están las cosas,  ¡o educas o mueres!

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