I.

En uno de los paros de clases generales que significaron el ensayo del inicio de la huelga estudiantil de 1999-2000 en la UNAM, Paco Ignacio Taibo ll se lanzó a apoyarnos con una charla.

Estábamos en la modalidad de “paro activo” en la Facultad de Filosofía y Letras. La idea fue cerrar las instalaciones un día de primavera, pero llenarlas de actividades, charlas, periódicos murales, carteles, para informar a los indecisos del movimiento que crecía en contra del cobro de colegiaturas, y que se enfrentaba a el bombardeo en televisión del PRI- gobierno.

El plantel como tal estaba cerrado. Lo tomamos en la madrugada con el lema: “cerramos hoy para que la UNAM este abierta para siempre y para todos”. Así que la charla de Paco Ignacio fue desde un banquito de plástico y con un megáfono frente al acceso principal. En un pasillo debajo del andador, entre los puestos de cuernos masudos y las bicicletas que vendían tacos de canasta nos agolpamos unos doscientos estudiantes.

¿Privatizar la UNAM? Se preguntaba el escritor con su infaltable Coca-Cola en mano (“no manches Taibo son las aguas negras del imperialismo” -le gritó alguien). Ni se inmutó. Hacía sus pausas antes de continuar la arenga dando tragos al refresco.

Luego visiblemente emocionado nos contó de como Francisco José Múgica había defendido casi con pistola en mano el derecho a la educación gratuita en los debates del Constituyente de 1917: “Que van a saber estos tecnócratas de hoy, del general Múgica, que si viviera los mandaría fusilar, por eso fue la revolución para lograr educación para el pueblo”.

Así escuchamos por primera vez de aquel general legendario que luego supimos que pudo ser el presidente más radical de la historia de México, de haberse convertido en sucesor del General de Lázaro Cárdenas. En uno de los “hubiera” más frustrantes de la historia nacional, porque incluso ya en la actualidad es sabido que Múgica fue la conciencia revolucionaria del Tata Cárdenas para determinar la expropiación petrolera.

La raza de la escuela se electrizó con el recuerdo del general, del idealista que plasmó el derecho a la educación, que nosotros años después insistimos en que no fuera letra muerta.

La leyenda del general Múgica cabalgó el campus universitario y la huelga estalló unos días después…

Aun con sus contradicciones el movimiento de fin de siglo ganó la batalla y la UNAM siguió siendo gratuita como la soñó Múgica y los revolucionarios que lucharon a su lado.

II.

El 3 de septiembre de 1884 nació en Tingüindín, Michoacán el General Múgica. Fue hijo del homónimo profesor liberal Francisco J. Múgica y de doña Agapita Velázquez Espinoza. Después de participar en la lucha armada, a los 32 años de edad Múgica formó parte del Constituyente de 1916- 1917 representando el distrito 15 de Zamora, Michoacán.

Existen varios capítulos importantes del legado de Múgica, pero como refiere el profesor Rogelio Javier Alfonso Ruiz, uno de sus momentos más trascendentales fue dar vida al artículo 3° Constitucional referente a la educación que imparte el Estado:

“La participación de Múgica en la configuración de la Constitución que actualmente nos rige fue brillantísima, ejerciendo un fuerte liderazgo en el ala constituyente opuesta al oficialismo. En materia educativa, ayudó a concretar los ideales de la enseñanza libre y laica, con lo que “los radicales asestaban un duro golpe al clero católico por su larga y permanente injerencia en la educación de los niños mexicanos” (Paz, 2006, p. 195). Al hacer uso de la tribuna, su discurso fue potente y radical: “si dejamos la libertad de enseñanza absoluta para que tome participación en ella el clero con sus ideas rancias y retrospectivas, no formaremos generaciones nuevas de hombres intelectuales y sensatos, sino que nuestros posteros recibirán de nosotros la herencia del fanatismo, de principios insanos” (Castañón y Morales, 2014, p.63).”

En aquellas álgidas discusiones sobre el artículo 3° el General Múgica salió cargado “en hombros” por la mayoría de diputados constituyentes; aunque la minoría lo llamó “vulgar” por representar los anhelos populares del derecho a la educación y su carácter laico.

III.

En lo particular atesoro dos publicaciones que recientemente adquirí, se llaman “Francisco José Múgica 1884-1954”, impreso el 5 de septiembre de 1975 con un tiraje de 1000 ejemplares, y Homenaje a Francisco J. Múgica 1884-1954 del Centro de Estudios de la Revolución Mexicana Lázaro Cárdenas A.C., editado en el centenario de su natalicio en 1984; ambos llevan con letra a puño la dedicatoria de la señora Carolina Escudero, viuda del General.

Cuando el General Múgica murió el 12 de abril de 1954, fue despedido por su esposa la señora Carolina Escudero, y miles de mexicanos que siempre creyeron que él habría sido un presidente diferente. Su esposa fue una gran revolucionaria. Ha escrito el historiador Jesús Vargas:

“Una coincidencia que no se puede dejar pasar es que el general Múgica tuvo por compañera a una gran mujer que había estado con él como colaboradora desde los primeros años del gobierno de Cárdenas, la señora Carolina Escudero Luján. Ella había nacido en 1905 en Chihuahua. Cuando tenía trece años la familia emigró a El Paso, Texas. Hizo sus estudios en el Colegio Palmore. En 1929 emigra a la Ciudad de México y luego es contratada para trabajar en la Secretaría de Economía donde colabora directamente bajo las órdenes del general Múgica. En 1941 lo acompaña al destierro y el 23 de junio de 1942 se casan en La Paz, Baja California.

“Durante los 12 años siguientes, ella fue determinante en todas las actividades de su esposo, pero resplandeció en todos los espacios con su propia personalidad, siguiendo activa durante cuatro décadas en el estado de Michoacán, donde murió en el año 2000.

“Una de sus colaboradoras cercanas, la promotora Alma Gloria Chávez escribió al recordarse los quince años de su muerte, que Carolina Escudero había sido una mujer de notable entereza, de recia personalidad, amable, justa y una promotora social y cultural incansable.

“A su interés por lo humano, siempre le acompañó una mística y sentido de servicio hacia los demás, reconociendo en su práctica el destino propio de cada persona. Entusiasta y comunicativa, con una buena dosis de optimismo contagioso; además, poseía otro don importantísimo: sabía escuchar.” (La Jornada, 5 de julio de 2019).

Cuanta falta hacen a los proyectos de transformación personajes como el Gral. Múgica y su esposa Carolina Escudero, que defendían sus principios e ideales hasta el final; que sabían sobre todo escuchar al pueblo.

Por esto y otros aspectos de su singular herencia ideológica Francisco J. Múgica, precursor de ideas socialistas en México, es uno de los héroes laicos y referente del presidente de la 4ª Transformación, Andrés Manuel López Obrador.

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