Por Alejandro Durán

En línea con la tendencia mundial de “despetrolizar” la economía, las exportaciones de crudo mexicanas ya sólo representan 5.1 por ciento del total, mientras que en la década de los 80´s constituían casi el 70 por ciento.

De esta manera, mientras que la tendencia global es aprovechar las bondades de las energías renovables y sustentables, como la eólica y solar, en México el presidente Andrés Manuel López Obrador todavía le apuesta a los combustibles fósiles, contaminantes y no renovables, como el petróleo, al impulsar la construcción de la refinería de Dos Bocas.

De acuerdo con el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), durante febrero de este año, las exportaciones petroleras de México sumaron apenas mil 820 millones de dólares, lo que representó el cinco por ciento del total de las ventas mexicanas hacia el exterior (36 mil 189 millones de dólares).

En el acumulado en el primer bimestre del año, resultó que las exportaciones de crudo alcanzaron un valor de tres mil 583 millones de dólares, monto que constituyó el 5.1 por ciento de los 68 mil 893 millones de dólares que sumaron en total las ventas mexicanas al exterior durante dicho periodo.

De acuerdo con el INEGI, en 1980, las exportaciones de crudo representaban 67.3 por ciento del total (en el auge mundial del crudo), pero hacia el año 2010 ya sólo constituían el 14 por ciento. En dicho intervalo tomaron fuerza otras industrias exportadoras, como el caso de la manufactura y la industria automotriz (en 2010 las exportaciones no petroleras representaron el 86 por ciento).

Dicho escenario contribuyó para “despetrolizar” el Producto Interno Bruto (PIB), es decir, reducir la dependencia de la economía mexicana del crudo: Mientras que en 1983 el petróleo aportó el 10.8 por ciento del PIB nacional, para el año 2011 sólo generó el 4.9 por ciento.

La estrategia de “despetrolizar” las economías es una tendencia a nivel mundial, y muestra de ello es el planteamiento que se han fijado diversos países como Japón, Gran Bretaña y Estados Unidos, los cuales han establecido prohibir la venta de automóviles nuevo a base de gasolina a partir del año 2030.

Sin embargo, en México se apuesta por lo contrario, pues a través de diversas disposiciones de la administración encabezada por el presidente López Obrador se obstaculiza el desarrollo de energía renovables y, por otro lado, se apuesta, todavía, a combustibles fósiles, como el petróleo.

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