Por: Jhad

Quién diría que el Ingeniero mecánico Genaro García Luna, el hombre más poderoso en el sexenio de Felipe de Jesús Calderón Hinojosa (2006-2012), caería en la desgracia siete años después de haberse retirado del servicio público –  millonario e impune- tras haber trabajado para el michoacano y también para Vicente Fox en sus respectivos gobiernos.

Aunque su trayectoria no inició con los panistas, fue con ellos, donde pudo construir su manto corruptor. De 1993 a 1998, fue subdirector Antiterrorismo y Contrainteligencia del CISEN y de 1998 a 2000, coordinador de Inteligencia de la Policía Federal de la secretaría de Gobernación del entonces presidente Ernesto Zedillo.

Su experiencia en el tema de la seguridad, fue atractiva para los siguientes gobernantes, quienes le confiaron importantes cargos, sin saber que estaban dándole la oportunidad de delinquir con permiso al hombre nacido el 10 de julio de 1968 en la ciudad de México.

Este lunes, el que fuera secretario de Seguridad Pública durante el mandato de Calderón, fue arrestado en Texas, después de que fuera acusado por el fiscal federal Richard Donoghue, de mentirle a la autoridad y de recibir numerosos sobornos por parte del cartel de Sinaloa, para que pudiera operar libre e impunemente sobre territorio azteca, entre otros delitos.

Definido como “un secretario de estado impoluto” por el presidente Calderón, García Luna, construyó un imperio de poder, corrupción e injusticia desde las entrañas de la secretaria de Seguridad Pública, la instancia destinada a brindar, paradójicamente, la seguridad de la ciudadanía.

Fue el brazo ejecutor de la siniestra guerra contra el narcotráfico que generó alrededor de 150 mil muertos. En la actualidad, los estragos de esa absurda decisión, lamentablemente, continúan incontrolables a lo largo y ancho del país.

La información que fluye de manera permanente en los diversos medios de comunicación, indica que García Luna recibió por parte del cartel de Sinaloa, diversas cantidades de dinero con el propósito de recibir protección por parte del grupo policial, encabezado por el ingeniero.

Su manto impune recorrió y ensució a las instituciones. Insensible a los problemas de la sociedad, compró la conciencia de muchos, incluyendo las televisoras y jugó con ese poder mediático para hacer montajes, justificando sus acciones, y de esa manera, evitar a toda costa que se difundiera la realidad del caos social que se vivía, causado por el fraudulento y sangriento sexenio calderonista.

Con Vicente Fox, Genaro García Luna fue nombrado titular de la Agencia Federal de Investigación (AFI), cuya misión era combatir la estructura de la delincuencia organizada. Con la libertad de sentirse protegido por el primer mandatario, García Luna utilizó las instalaciones y los programas inteligentes de ese organismo para su beneficio.

Fue durante ese sexenio, el 9 de diciembre de 2005 cuando se realizó un espectáculo mediático entre la AFI y Televisa, donde se dio cuenta de la liberación y detención de una supuesta banda de secuestradores donde la protagonista principal era la francesa Florence Cassez.

Fue un engaño. Fue una puesta en escena que demostró la nefasta relación entre el poder político y el poder mediático. En ese momento la figura de García Luna apareció como el súper policía y su nombre se convirtió en la sensación del momento.

Sin embargo en muy poco tiempo, su montaje fue descubierto. Aunque nadie dijo nada, las sospechas de corrupción que pesaban sobre la personalidad maquiavélica del poderoso García Luna eran demasiadas. Pocos se atrevieron a señalarlas. Quien se atreviera a hacerlo, podría sufrir algún “accidente”, por parte de alguno de sus amaestrados sabuesos.

Con la llegada del PRI a la presidencia, García Luna optó por retirarse de la política y se fue a radicar a Estados Unidos, donde este lunes fue detenido, siete años después de sus múltiples escándalos de corrupción.

Uno vez confirmada la detención de Genaro García Luna, solo Felipe Calderón se ha pronunciado sobre el asunto y se dice sorprendido de conocer las tropelías de su antiguo colaborador. Vicente Fox, por su parte, ha permanecido en absoluto silencio.

Ambos ex presidentes, tan proclives a las redes sociales, saben que este asunto no quedará ahí. Saben y lo saben bien, que lo que pueda decir el detenido puede hundirlos. No es creíble que ninguno de los dos supiera de las andanzas de su hombre de confianza.

En México y en cualquier parte del mundo, no se mueve un hilo sin el conocimiento y autorización del presidente. Este caso, aunque no es una investigación de la justicia mexicana, destapa la cloaca de un sistema político corrupto que ha sumergido al país en una espantosa crisis social, económica y cultural.

Muchos nombres empezarán a ventilarse y todo parece indicar que algunos peces gordos serán llevados a prisión. Esto apenas comienza.

En tanto, Felipe Calderón y Vicente Fox tiemblan y lo hacen porque en sus sexenios utilizaron el poder para enriquecerse y controlarlo todo.

Lo que diga su empleado favorito a la justicia norteamericana puede hundirlos porque por comisión u omisión son cómplices.

Ante tanta evidencia, una pregunta queda en el aire. ¿A poco no sabían nada?

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