Con motivo de la lucha contra el COVID19, periódicamente, la Secretaría de Salud en México publica un rubro por fallecimientos exaltando el porcentaje de personas que tenían cuando menos una comorbilidad previa (Diabetes, hipertensión, obesidad, tabaquismo, EPOC, etc.). El índice promedio es de un 72%, que podría aumentar si todos los que murieron hubieran conocido su estatus de salud.

Sabemos, los pacientes que ingresan a los hospitales habilitados como  “COVID19”, son interrogados para hacer un expediente mínimo, y ahí es donde inicia una aventura. Muchos, no conocen su circunstancia, otros, han sido indolentes con las enfermedades viviendo sin tratamiento alguno. Los médicos, en algunos casos las descubren sin que sea ésta una constante.

Luego entonces, estamos ante un reto indeseable de salud pública que pocos países tienen, y que habrá de justificar -lamentablemente- decenas de miles de muertes prematuras en nuestro futuro inmediato.

En fechas recientes escribía sobre la “nueva gastronomía mexicana” que ahora estaba constituida por refrescos, frituras, panes industrializados, sopas instantáneas y demás productos “chatarra” que “tocaron tierra” en México hace más de cincuenta años, ante la complacencia criminal de nuestras autoridades sanitarias. Tenemos una oportunidad histórica para hacer los cambios que pondere la salud en la población sobre “beneficios triviales”.

Uno de cada cuatro mexicanos padece hipertensión arterial (31 millones). De ese total, 12 millones ignoran que la tienen y sólo 9 millones están controlados (FES Iztacala). Derivada también de la desnutrición, México cuenta con 9 millones de diabéticos identificados y según la OMS, existen 12 millones de personas “portadoras” que no lo saben. 

Por información del IMSS sabemos en México, el 75.2% de la población padece sobrepeso (96 Millones) y el 36.1% (46 millones) OBESIDAD. Esta terrible enfermedad se asocia a la hipertensión, diabetes y diversas enfermedades cardiovasculares. 

Antes de seguir con los riesgos del sobrepeso y la obesidad, es necesario definirlas cuantitativamente a través de la medición del IMC (índice de masa corporal) que se calcula de la siguiente forma: IMC=peso/altura2.

El sobrepeso está entre 25.0 y 29.9, la obesidad a partir de un IMC de 30.

Ejemplo del IMC de una persona que pesa 76 kilos y mide 1.75 metros…

IMC= 76/1.75 X 1.75= 3.06 76/3.06= 24.83 (se encuentra en un límite normal)

Otro ejemplo: una persona que pesa 90 kilos y mide 1.70 metros.

IMC= 90/1.70 X 1.70= 2.89 90/2.89= 31.14 (se encuentra en obesidad)

El sexo y la edad son determinantes. Sugiero buscar en internet una “calculadora” de IMC e introducir su información.

Las personas con obesidad tienen una enorme cantidad de tejido adiposo permitiendo que el virus COVID19 entre con mayor facilidad y permanezca más tiempo. De tal manera que tardan más en dar negativo. La obesidad, altera la respuesta inflamatoria e inmunitaria y la evolución es peor al dificultar la ventilación. Se estima que el riesgo de complicaciones es hasta seis veces mayor si un paciente de COVID19 sufre obesidad. 

De acuerdo con las primeras noticias que recibíamos de Europa, eran los adultos mayores quienes tenían el mayor riesgo de morir debido a las afecciones relacionadas con el envejecimiento, sin embargo, pronto veríamos en nuestro país bajar sensiblemente las edades de riesgo debido a nuestras “características”. La obesidad puede transformar la enfermedad COVID19 en un caso grave en pacientes jóvenes.  Es un factor de riesgo casi tan grave para los jóvenes como ser anciano. 

Un peso normal no sólo secreta feromonas, va más allá …

¡Si buscas culpables a la mortandad por COVID19, ya sabes en donde encontrarlos!

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