LA TRIBUNA

Por JHAD

Muy complicado ha resultado hablar sobre el feminicidio para el presidente Andrés Manuel López Obrador a últimas fechas. Sus dichos y posturas han sido objeto de críticas muy fuertes por parte de diversos sectores de la sociedad, quienes ven un desdén muy  preocupante del primer mandatario, a un asunto que ha causado miles de muertes de mujeres en nuestro país, por violencia de género.

Los números son aterradores, 10 mujeres muertas diariamente por ese motivo, sin que ningún gobierno hasta el momento, ejerza una política pública seria y efectiva encaminada a terminar con esta lamentable condición social.

Sin tener una estrategia clara, el presidente parece minimizar el problema porque no lo conoce o no lo comprende del todo. Nadie de su primer círculo tiene la virtud de explicarle claramente que se trata de una problemática muy profunda que requiere la atención debida e inmediata.

Se entiende que el tabasqueño sea un hombre muy apegado a los usos y costumbres en los que se ha desarrollado durante toda  su vida y difícilmente en su cosmogonía se encuentra una explicación lógica al feminicidio que tanto daña a nuestro país, al considerarlo como un asunto menor.

Ante esta situación, ni los besos, ni los abrazos que propone el presidente serán suficientes para terminar de tajo con la triste realidad y menos aún, la exhortación tan simple donde le solicita a la gente que se porte bien, apelando al sentido común.

Y es ahí donde radica el problema. Acostumbrado a tomar decisiones desde su perspectiva, donde considera que solo su verdad es la adecuada, el presidente se ha mantenido lejos de esta realidad que cada día crece y enluta a cientos de familias mexicanas.

Para los opositores, Andrés Manuel López Obrador es insensible ante la violencia de género que se vive en el país y lo tachan de indiferente y falto de empatía. Han criticado el decálogo de violencia contra las mujeres que presentó en febrero pasado, por considerarlo repetitivo y sin sustento.

El enojo del presidente con activistas que le cuestionan la falta de políticas públicas en el tema de violencia de género en contra de las mujeres, ha provocado en la sociedad, decepción, coraje y mucha frustración.

Se esperaba que un gobierno progresista como el que encabeza López Obrador, priorizara  en su agenda, la atención a este fenómeno que se vive en México desde hace muchos años.  Sin embargo, no ha sido así.

Son muchos y muy graves los problemas sociales, económicos y culturales los que heredó el primer mandatario. El feminicidio es uno de ellos. Negar su existencia, es negar la lucha de miles de mujeres que han buscado la justicia y que lamentablemente, no han sido escuchadas por ningún gobierno.

Ante tantos cuestionamientos, se espera una reacción empática del presidente de la República. Hasta el momento, es notorio, y es una buena señal,  que López Obrador ha dejado atrás su empecinamiento de controlarlo todo y ha dado muestras de que también sabe delegar.

Por ejemplo, en la actual crisis provocada por el COVID-19, decidió que era preferible que fueran los especialistas sanitarios quienes hicieran frente a la pandemia, y definieran los pasos a seguir para manejarla, y tratar de controlarla.  Esa postura, afortunadamente ha evitado más daños de los que se preveían.

En el caso de la violencia de género, puede actuar de la misma manera. Existen luchadoras sociales que pueden guiarlo. Son activistas de toda la vida que conocen y dominan el tema a la perfección. La ayuda de estas personas y organizaciones sociales, más la voluntad política del presidente, permitirían que por fin, se diera un tratamiento efectivo desde el gobierno.

Siendo coherente con su acertada decisión de tener la misma cantidad de mujeres y hombres dentro de su gabinete, el presidente bien haría en escucharlas a ellas y pedirles opinión sobre el tema. En ese grupo de funcionarias hay experiencia, liderazgo, convicción y claridad.

Y si en algún momento no cree en lo que dicen, hay alguien que puede ayudarlo tanto como lo ayudó en su campaña a la presidencia de la República. Es una persona sumamente preparada, inteligente, visionaria, humanista, buena madre, excelente compañera, sensible, solidaria y empática.

Pese a que no le gusta estar con los reflectores encima, su esposa Beatriz Gutiérrez Müller, puede asesorarlo.  Nadie tan cerca del presidente, nadie tan acertada como ella. Alguien que también ama a México, y cuyo aporte siempre será de gran utilidad para la nación.

Sería deseable, que el presidente escuchara a su esposa en el tema de la violencia de género. Sería un gran acierto y un lujo para el país. Así,  nadie en su sano juicio le diría misógino al primer mandatario. Por favor Doña Beatriz: Échele una manita…

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