A principios de 2017, había en Morena un ambiente de especulación –válida-, sobre quiénes podrían ser candidatos en 2018. Prevalecía el purismo, el sentido de pertenencia, el espíritu de grupo. Se hacían “listados” con militantes que hubieran  contribuido con la lucha; marchando por alguna causa social, repartiendo el periódico “regeneración” o apoyando trabajos partidarios en Querétaro o en otras entidades.

Dichos esfuerzos tenían que ser recompensados. En ningún caso, se ponderaban las características ideales que debería tener un candidato, primero para poder competir con altas probabilidades de triunfo, y después ejercer, con dignidad y eficiencia profesional,  el puesto para el que hubiese sido elegido. Si alguien sugería tímidamente el nombre de alguna opción externa, la mayoría lo reprendía con su silencio.

El artículo 44, en su inciso b, del estatuto de Morena establece: Del total de candidaturas regidas por el principio de representación uninominal, se destinará hasta el 50% de las mismas a personalidades externas. Este, es un reconocimiento tácito a la pluralidad del partido y a la aceptación pragmática de que Morena no cuente entre sus filas con aquellos candidatos cuyas virtudes sean necesarias para encontrar el éxito.

En 2018, TODOS los candidatos por Morena tuvieron un innegable “plus”. Participaba en la “boleta” Andrés Manuel López Obrador, el más grande luchador político y social en la historia moderna de nuestro país. A pesar de ser Querétaro un estado conservador, la ciudadanía votó a favor del ex perredista, debiendo conformarse el local Ricardo Anaya con un distante segundo lugar.

El proceso electoral 2017-2018 trajo muchas sorpresas en Querétaro, entre otras, encontramos que la gente votó por primera vez de forma marcadamente diferenciada. Ejemplo: El ahora presidente López Obrador obtuvo en el estado de Querétaro un 41.35% de la votación. El Dr. Gilberto Herrera Ruíz lograba, en el mismo universo estatal, alrededor del 30% para llegar al senado en primera minoría, siendo el segundo candidato más votado. Sólo después del panista Mauricio Kuri que en su fórmula obtenía el 38%.

El escenario que presentará la contienda política 2020-2021, en la cual se elegirá gobernador del estado en Querétaro será muy distinto al pasado reciente.

El candidato de la coalición que encabece Morena no será acompañado en campaña por el presidente y su enorme popularidad, tampoco tendrá el apoyo del gobernador en turno que buscará extender, en tiempo, su control del estado. No, deberá ir arropado por todos aquellos que confíen en su fama pública de honestidad, eficiencia y experiencia administrativa lograda de forma clara y contundente. No tendrá que ser referente de un partido, deberá ser de toda la población queretana. En pocas palabras deberá estar por encima de cualquier organismo político y sus expectativas electorales.

En los primeros días de éste tortuoso mes de abril, la agencia de encuestas y sondes, “Demoscopia Digital”, publicó los resultados de una encuesta realizada en 14 de los estados que tendrán elecciones en el 2021.

En doce estados Morena ganaría con relativa facilidad. Con la salvedad que en Campeche el partido vencería de forma abrumadora (38.15%) pero perdería si llevara a Layda Sansores (19.80%). En Nuevo León Morena tiene  una intención de voto ligeramente inferior al PAN, pero la candidatura de Tatiana Clouthier superaría al candidato de Movimiento Ciudadano por estrecho margen.

Querétaro, de acuerdo con ésta encuesta y otras que se han realizado, es el único estado “en juego” que Morena perdería en las próximas elecciones. Acción Nacional tendría 37.89 por ciento de intención de voto y el candidato (Mauricio Kuri) a pesar de su mediocridad, contaría con un respaldo del 32.16%. Morena, como “marca”, tendría el 23.65% y el candidato que pusieron en la muestra (Gilberto Herrera Ruíz) podría alcanzar el 21.56%.

Como podemos ver, en Querétaro, ante una eventual coalición de Morena, PT y alguna otra institución política, se deben impulsar participaciones dignas, pues eso representa al partido en el poder y su proyecto de nación. El partido que postuló a López Obrador está obligado a ir con un candidato poderoso que supere “marcas”, que represente al López Obradorismo profundo y vaya más allá de la asistencia electoral anecdótica.

¡Yo por eso estoy con Santiago Nieto Castillo! ¿Y tú?

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