Por René González

Los llanos de Apan fueron sus caminos, en esa Altiplanicie Pulquera que comprende una región aledaña del Valle de México, entre el sur del Estado de Hidalgo, y el vértice con municipios de los actuales estados de Puebla, Tlaxcala y Estado de México.

Entre los ríos San Miguel, Tecocomulco y Papalote, los arroyos Columpio y Tízar y bosques de pino y encino, matorrales, nopaleras y pastizales, ahí despuntó en la lucha independentista el bandido social y rebelde José Francisco Osorno.

Dicha zona, la de la sierra de Puebla y los llanos de Apan, fue fecunda para la primera gran revolución de México, ahí emergieron personajes como Osorno que mantuvieron la lucha de 1810 a 1816, en una serie de revueltas y asonadas contra el realismo, siguiendo con heroísmo el llamado histórico del cura Miguel Hidalgo.

Como escribió Virginia Guedea en su texto La organización del departamento del Norte: los llanos de Apan y la Sierra de Puebla durante la Independencia (1996):

“La insurgencia iniciada por Miguel Hidalgo en septiembre de 1810 tuvo una aceptación casi inmediata entre grandes sectores de la población de los Llanos de Apan y la Sierra de Puebla y, no obstante, las fuerzas realistas destacadas en algunas de sus principales poblaciones y no obstante las repetidas expediciones enviadas por las autoridades coloniales, el movimiento insurgente no sólo se desarrollaría en la región con bastante fuerza, sino que se mantendría en ella por largo tiempo. Esto se debió, en buena medida, a que parte considerable de su producción agrícola y ganadera, aunque por demás disminuida y mal comercializada a causa del estado de guerra, pudo dedicarse por los insurgentes al sostenimiento de sus fuerzas”.

“Destacó, en un primerísimo término, la producción de pulque, que si bien sufrió una baja de consideración no llegó a suspenderse del todo. La naturaleza misma del maguey, que tarda varios años en producir y cuyo cultivo obliga a una siembra escalonada, permitió seguir obteniendo pulque por varios años aun cuando no hubiera habido resiembra de magueyes. Las áridas y pedregosas tierras de los Llanos de Apan seguirían produciendo pulque, y con él ingresos de consideración, mucho después que otras regiones más feroces del virreinato habían quedado prácticamente improductivas por los efectos de la guerra. Esto daría al movimiento insurgente en la región características muy propias. Por un lado, permitiría a sus jefes controlar de manera casi ininterrumpida y por un largo periodo a los Llanos y a la Sierra. Por el otro, les daría la oportunidad de manejarse con gran autonomía respecto de otros grupos insurgentes”.

Es decir, un salteador de caminos y la producción de pulque, fueron elementos esenciales para mantener la causa en esta zona, que además era una especie de granero de la Nueva España por su producción agrícola. Así, al hacerse de la producción de pulque, Osorno aseguró una fuente de financiamiento estratégica para la lucha revolucionaria, en otra de las historias fascinantes y poco conocidas de nuestra Independencia.

De Francisco Osorno “de los Llanos de Apan” hay poca información sobre su fecha exacta de nacimiento (aunque se dice que nació el 17 de julio de 1769), y sobre su juventud. Es sabido que fue sometido a un proceso criminal al ser acusado de ladrón de caminos en Puebla en la primera década del siglo. ​

El 30 de agosto de 1811, se unió a los insurgentes con una gavilla de 700 hombres. Militó bajo las órdenes de Mariano Aldama. Tomó la plaza de Zacatlán liberando a los presos de la cárcel para incrementar su fuerza militar, sin embargo, se dice que ejecutó a varios españoles.

En el proceso histórico Osorno fue el prototipo de “jefe insurgente local”, personaje arraigado en su territorio, con medios propios para dar la batalla a los realistas, no siempre colaborador de las fuerzas nacionales, pero si un libertador y organizador nato de toda una región:

“Si bien, en una primera instancia, la insurrección llegó desde el exterior, fueron -como era natural- los jefes locales los que tuvieron mayor arraigo, en particular José Francisco Osorno, principal cabeza del movimiento y prototipo del jefe insurgente de la región. Osorno, quien ejercía considerable influencia en los Llanos y en la Sierra, en los que poseía ranchos y haciendas y en los que contaba con una amplia red de relaciones clientelares y de familia, con la que se dedicaría a poner bajo su control a la región y a aprovecharse de sus recursos -los que en numerosas ocasiones derrochó junto con sus seguidores- sin interesarse demasiado por lo que ocurría con la insurgencia en otras regiones. Una muestra de ello fue que, a pesar de la relativa cercanía, ninguna fuerza procedente del Departamento del Norte prestó ayuda a José María Morelos cuando éste se encontraba sitiado por Félix María Calleja en Cuautla a principios de 1812. Morelos recordaría siempre esta falta de apoyo, y comentaría repetidamente que Osorno había decidido no obedecerlo, pero que resultaba útil porque mantenía ocupados a los realistas. En marzo de 1813, Morelos insistiría en que no había conseguido que se cumpliera una orden suya por ese rumbo”. (Guedea, 1996)

Pero Osorno si terminó reconociendo el mando del General José María Morelos y Pavón, y con ello consolidó la lucha en la región, que a la postre se convirtió en un bastión de la naciente Nación:

“Osorno se encontraría asimismo en comunicación con Morelos. Nombrado cuarto vocal de la Suprema junta a mediados de 1812, y encargado a su vez de la demarcación del Sur, que colindaba con el Departamento del Norte, Morelos era, y cada vez más, la principal figura de la insurgencia. Osorno recibió de Morelos diversas peticiones, que trató de satisfacer, si bien se quejó -como lo hiciera con Rayón- de padecer de escasez. En cuanto a obedecer las órdenes de Morelos, a principios de 1813 Osorno le informaba haber ya avisado a sus jefes que quien no lo hiciera sufriría consejo de guerra; igualmente le manifestaba estar pronto a reunirse con él con todo y sus fuerzas. Oferta semejante haría cuando tuvo conocimiento, que resultó equivocado, de que Morelos se dirigía hacia el Departamento”.

“Manifestó entonces estar más que dispuesto a servir a la nación y a darle a Morelos toda su caballería. Para esas fechas; la posición de Osorno en la región se había consolidado. Fortificado en Zacatlán, controlaba una amplísima zona que iba desde la costa en el norte de Veracruz hasta cerca de la ciudad de México. Asimismo, controlaba un número importante de fuerzas, ya que podía reunir bajo su mando hasta 4000 hombres de caballería, espléndidos jinetes todos ellos. Como bien señala Lucas Alamán, por entonces Osorno se encontraba en “el mayor grado de poder a que llegó durante la ·revolución”, y al decir de Carlos María de Bustamante su comandancia se había hecho muy respetable para el gobierno de México. (Guedea, 1996).

De José Francisco Osorno, el gavillero que se convirtió en libertador hay varios episodios por contar: Arribaba a la disputa armada al grito de “¡Viva la Virgen de Guadalupe y mueran los gachupines!”, así atacó a los españoles y se apoderó de sus bienes, para poner las haciendas al servicio de los de abajo; también acuñó su propia moneda, con sus iniciales; y en abril de 1812 asaltó cientos de barras de plata en Pachuca, así uniformó y armó a su ejército, y puso un taller para construir armas en San Miguel, cerca de Zacatlán.

Para conocer más de este héroe subterráneo, se puede consultar la obra de Ramón Kuri Camacho, José Francisco Osorno: líder insurgente en los llanos de Apan y en el departamento de Zacatlán: 1811-1824 publicada en 2015.

Francisco Osorno, el Pancho Villa de la guerra de Independencia, después de haber sido condenado al destierro, y luego amnistiado, murió el 19 de marzo de 1824 en la hacienda de Tecoyuca, fue sepultado en la iglesia de Chignahuapan. La historia lo recuerda.

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