Habremos quienes nos hemos convertido en mañanerologos, una especie extraña de aves que aumenta con el paso de los días y despega en el alba. La inédita práctica que un gobernante encumbrado en el poder y la popularidad rinda cuentas, ejerza el derecho a réplica y hable de igual a igual, o de tú a tú con los representantes de la opinión pública y publicada, a dejando trastabillando los esquemas tradicionales del quehacer político y de la comunicación social de muchos extraños y no pocos propios.

Realizar el esfuerzo cotidiano de estar puntual, atento a la televisión, ordenador o celular para ver y escuchar la conferencia mañanera del Presidente AMLO al amanecer no es solo un tema de disciplina, de atender la coyuntura, o de intentar atrapar la escurridiza información que hoy fluye vertiginosa en el mundo digital, sino implica la voluntad de atender un proyecto emprendido por el dirigente social y político más importante del México reciente, que atisba y despliega pedagogía histórica y política para mirar el porvenir.

La historia como maestra de la política y de la vida, el desenmascaramiento de las mentiras y noticias falsas propagadas por poderes facticos, los talleres sobre la coyuntura política, la exposición de buenos y malos servidores públicos, las tristes historias de la corrupción de las élites, las frases coloquiales que se convierten en vox populi, las respuestas pausadas pero certeras a la imprudencia, mezquindad e incluso majadería de algunos representantes de la prensa, nos conducen a pasajes únicos en la hora cumbre de nuestro tiempo. ¿Volverán a retar con cinismo y altanería los representantes de algunos medios facciosos a los mandatarios de la era post AMLO?

“Cada uno de nosotros somos un medio de comunicación” sigue siendo una premisa fundamental del proceso de transformación. Por ello, en las mañaneras el Presidente no les habla solamente a los medios arcaicos, mucho menos a la añeja clase política y respecto a las plumas pagadas solo les marca agenda para irritarlos más y evidenciar la ignorancia que tienen de lo que realmente ocurre en el subterráneo de México; a quien López Obrador le habla es a nosotros, a los de todos los rincones del territorio nacional, al pueblo organizado, al pueblo despierto no sólo en ese horario de bostezo, sino en la conciencia política.

Por ejemplo, ante la falacia difundida por intelectuales orgánicos del viejo régimen con la cantaleta: “no hay libertad de expresión”, el Presidente dio un taller con datos duros y mostró lo siguiente:

De la revisión de 148 textos, artículos o columnas políticas publicadas en los principales medios de la prensa escrita en un solo día; 95 fueron sobre AMLO, la Cuarta Transformación y el gobierno actual. De dichos textos las opiniones positivas fueron solo 11, neutrales 21, y negativas en 63 textos. En porcentajes, del total de las columnas referentes a la vida pública, el 63.3% se expresaron de forma negativa sobre AMLO y el gobierno, positiva solo el 10.6%; y neutral el 23.1%. Y lo mejor del caso es que no hay libertad de expresión…

Otra evidencia del doble discurso de opositores disfrazados o parapetados en algunos medios, que enarbolan un supuesto discurso pro feminista es el hecho que de esos columnistas que diario escriben diatribas contra el gobierno, sólo el 10% son mujeres.

Además de desnudar argucias como el estribillo de “no hay libertad de expresión”, matizar o clarificar hechos o acciones de gobierno que son sacados de contexto o “editorializados” desde el amarillismo o la infodemia propagada por grupos de interés, las conferencias mañaneras son imperdibles clases de historia, que trascienden lo anecdótico y nos remiten a la idea de que “quien no conoce su propia historia, está condenada a repetirla”.

Por ello la mejor escuela de formación política de hoy en día son las mañaneras, síntesis de un proyecto permanente, concreto y vertiginoso de cambio de paradigmas, de nuevas miradas o de perspectivas desde otro ángulo a los problemas en resolución, sobre los que hay que insistir pues los viejos moldes son difíciles de romper. ¿Cuántas veces se ha explicado acerca de los beneficios de eliminar los intermediarios entre los recursos públicos y sus beneficiarios?

Las conferencias de las 7 de la mañana son clases de historia, pero no en función de la vieja escuela de la historia de bronce y petrificada, sino en la historia viva, inspirada en concepciones como la tesis del Dr. Arnaldo Córdova: La historia, maestra de la política, que refiere: “La historia es, ante todo, memoria del pasado en el presente. Es una recreación colectiva, incluso cuando se le convierte en ciencia, es decir, en explicación, en respuesta a los porqué del presente y en afirmación demostrable o sujeta de comprobación. Es el hogar de la conciencia de un pueblo, el contexto objetivo de su modo de pensar, de sus creencias, de su visión de la realidad, de su ideología, incluso cuando es expresión individual. No hay historia independiente de la conciencia colectiva del hombre. Por eso la historia aparece siempre como discusión y reelaboración del pasado, en las formas de utopía y mito. De ahí su fuerza como forma que adquiere la conciencia social”.

No es menor, que en una conferencia matutina el Presidente haya invitado a conceptualizar el 2021 como un año de conmemoraciones históricas, que abarcan estaciones históricas imprescindibles del México prehispánico a la primera gran transformación nacional conocida como Independencia:

“Vamos a recordar nuestra historia, llena de grandeza desde la época prehispánica, vamos a reivindicar a las comunidades, a los pueblos originarios, va a haber un día dedicado al perdón por los abusos, por las atrocidades que se cometieron con la invasión colonial y también, a partir del México independiente, vamos a estar en la región maya y vamos a estar también con los pueblos yaquis, precisamente de las culturas más ofendidas, humilladas en la historia de nuestro país”. Ha referido AMLO.

Es preciso tener presentes las palabras de Guillermo Bonfil Batalla: “Una historia propia no es sólo necesaria para explicar el presente sino para fundamentar el futuro. El futuro, en estos casos, es ante todo la liberación, la recuperación del derecho a conducir el propio destino. Una historia expropiada es la cancelación de la esperanza y la sumisa renuncia a cualquier forma de autenticidad”.

El Presidente AMLO no le habla al viejo régimen, la construcción del porvenir implica una pedagogía de la historia como fuente de nuevos caminos. Un reto será que las siguientes generaciones tengan como fuente de inspiración el periodo obradorista de gobierno, para luchar por transformaciones aún más profundas y radicales a favor de la mayoría de los mexicanos. Por tal razón el interlocutor colectivo es la historia nacional.

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