Por: Jhad

Hace diez años, el último día de noviembre, amigos de Rita Guerrero anunciaban a los medios de comunicación que la artista padecía cáncer de seno y por tal motivo, realizarían un concierto con el propósito de recaudar fondos para solventar los gastos del costoso tratamiento al que se estaba sometiendo.

El 6 de diciembre de 2009, en el Teatro Esperanza Iris, por más de seis horas, una enorme lista de músicos, amigos y seguidores se dieron cita al evento, llamado Rita en el Corazón, Concierto para una Guerrera, donde la tapatía se llenó del cariño, solidaridad y respeto de su público. Fue ésta, su última aparición en un escenario.

Nacida en Guadalajara, Jalisco el 22 de mayo de 1964, Rita Guerrero Huerta, fue la más pequeña de los once hermanos y desde el seno familiar absorbió el amor a la música y al arte principalmente por su padre, quien era un excelente trompetista.

De un espíritu indomable y contestatario, Rita fue inscrita a una escuela de educación musical. La muerte de su padre cuando apenas tenía 9 años, le forjó un carácter rebelde, que más tarde le sirvió para enfrentar con mucha fortaleza los diversos avatares que la vida le tenía designados.

La mezcla de rebeldía y sensibilidad le dieron un toque muy especial a su vida. A los diecisiete años intentó salirse del yugo familiar en busca de otros caminos, para poder desarrollar su vocación artística, pero no contaba con que su mamá se lo impediría, por considerar que no era lo apropiado para una joven de esa edad.

Dos años después, una conferencia en la Universidad de Guadalajara donde se informaba sobre lo que se enseñaba en la Centro Universitario de Teatro en la UNAM, le abrió la oportunidad de cumplir su sueño de independencia.

Con ese argumento, logró convencer a su mamá de que esa era la oportunidad que estaba esperando para estudiar la carrera de actriz y solo de esa manera pudo emprender el viaje a la ciudad de México, donde se inscribió al CUT, lugar que le ayudo a forjar su brillante carrera artística y fortalecer la musical.

El Centro Universitario de Teatro fue su segunda casa. Ahí su carácter terminó de formarse. Quería ser actriz y en ese lugar pudo lograrlo.  “Estudiar en el CUT es pesadísimo, muy fuerte, porque te paras una chinga tremenda en todos los sentidos, a todos los niveles: sicológico, emocional y físico. El CUT era de mucha disciplina, rigor y entrega. Fue un tiempo difícil, pero aleccionador porque de ahí partí, sin látigo, a hacer otras cosas; sin nada más que mi propia disciplina”.

En 1987, durante su estancia en el CUT, le sorprendió la huelga estudiantil universitaria, situación que le dio la oportunidad de darle rienda suelta a su activismo social. Su habilidad actoral y musical sirvió para darle voz y presencia al movimiento. Rita se ganó el reconocimiento de todos.

Y fue justamente ahí, donde se formaron las raíces del emblemático grupo de rock gótico conocido como Santa Sabina, nombre con que se bautizó a la banda en honor a la curandera mexicana, de quien Rita era fiel admiradora.

En 1990 actuó en la cinta de Alberto Cortes, Ciudad de Ciegos y en Televisa formó parte de la telenovela Martín Garatuza. Dos experiencias que no fueron muy del agrado de Rita.

Guerrero Huerta pudo desarrollar todas las expresiones artísticas posibles. Fue cantante, actriz, maestra, compositora, locutora y conductora en los dos espacios de televisión cultural más importantes de México, como canal 11 y canal 22. Su imagen fresca, jovial e inteligente, eran un deleite para el espectador.

Durante el movimiento zapatista de 1994 en Chiapas, brindó ayuda a las comunidades de la región enviando víveres y se convirtió en portavoz de los más desprotegidos y necesitados. Ese era su estilo y su personalidad. Quería un mejor país.

Tras un breve retiro de los escenarios de Santa Sabina, Rita continuo con sus actividades teatrales y le dio más tiempo a su proyecto Ensamble Galileo de música barroca, en la universidad del Claustro de Sor Juana.

En 2006, llegó Claudio. El niño que le dio un nuevo sentido a su vida. Junto a su esposo Aldo Max, la artista tuvo la satisfacción de ser madre y el sentido de su vida tomó un rumbo aún más profundo.

En 2009 funda el coro Virreinal en la misma universidad. La gran calidad de su trabajo fue reconocida y realizó diversas giras por el país, donde fue ovacionada por los públicos más exigentes.

En febrero del año siguiente, la salud de Rita empezó a deteriorarse. Muy pocos de sus amigos sabían qué padecimiento tenía. Era necesario ingresarla de urgencia a alguna institución médica para que su enfermedad fuera tratada.

Un lento y absurdo proceso burocrático impidió que fuera atendida de inmediato. Fue entonces que sus amigos pidieron apoyo en las redes sociales para ayudar con los gastos que se tenían que cubrir. El cáncer de seno había puesto en peligro la vida de la incansable y solidaria Rita Guerrero.

Al saber de la convocatoria, Rita jamás bajó los brazos y siempre estuvo lista para afrontar lo que fuera necesario: “Con cáncer la vida tiene un valor mucho más alto”, dijo en una de sus últimas entrevistas.

El 6 de diciembre de 2009, el teatro Esperanza Iris fue testigo del magno homenaje a la guerrera. Fue su despedida. Jamás volvería al escenario.

Todo el 2010 estuvo bajo tratamiento médico. Éste nunca resultó positivo para su salud.

La mañana del 11 de marzo de 2011, el cuerpo de Rita Guerrero Huerta no resistió más y fue vencida por el cáncer. La emblemática actriz, feminista y activista social abandonó este espacio terrenal a la edad de 46 años.

Su despedida se realizó en el lugar de sus proyectos, de sus alegrías y de sus satisfacciones. El claustro de Sor Juana se llenó de amor y agradecimiento. Su cuerpo libre y sin ataúd fue cubierto de flores. Desde ahí se escuchó su canto, sus coros y sus creaciones.

Fue un adiós muy prematuro. Todos lloraron y como no habían de hacerlo, si se había ido para siempre Rita Guerrero, con la inolvidable magia de su encanto.

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