Por JHAD

Cercana e incondicional al presidente Andrés Manuel López Obrador -de quien goza de su absoluta confianza- la figura de Claudia Sheinbaum Pardo, está adquiriendo una importancia muy relevante en estos momentos en el escenario político, por la manera en que ha enfrentado la actual crisis sanitaria a nivel local.

Sin la necesidad de tener los reflectores encima, ni la enfermiza necesidad de hacer declaraciones escandalosas para llamar la atención, la actual jefa de gobierno de la ciudad de México, enfrenta la pandemia de manera frontal y seria, a pesar de las constantes  contradicciones en las que caen las autoridades sanitarias.

Nacida el 24 de junio de 1962 en la Ciudad de México, la actual jefa de Gobierno capitalina, ha tratado de contener la pandemia que pega con fuerza al antiguo Distrito Federal – quien se ha convertido en el foco principal de contagios del país- con información oportuna, transparente y clara.

Las críticas no ceden, pero Sheinbaum se mantiene firme y pese a todo continúa con su plan para contener la cifra de enfermos contagiados por el COVID-19, que lamentablemente ya rebasan los 30 mil casos en la capital del país.

Sorprendiendo a propios y a extraños, la jefa de gobierno de la ciudad de México ha hecho a un lado las confusas medidas sanitarias que ha determinado el subsecretario de Previsión y Promoción de la Salud,  Hugo López Gatell, para asumir por cuenta propia el manejo de esta crisis sanitaria que ha provocado casi 12 mil muertes.

Y sorprende más, porque López Gatell, es el hombre a quien el presidente López Obrador ha dejado la responsabilidad total del manejo de la pandemia en el país, convirtiéndose en un hombre indispensable, a pesar de los múltiples errores que ha cometido en el manejo de datos y cifras del horror sanitario que ahoga al país.

Era de suponerse que la licenciada en física se alinearía a la legión que obedece al subsecretario, incluyendo al jefe del ejecutivo, pero no fue así y eso es excelente. Sheinbaum, marcó sus límites.

Sin pensar en el efecto que pudiera tener su reacción ante el presidente, Claudia rompió con lo establecido y decidió tomar las riendas por su propia cuenta  y con asesoría de verdaderos expertos, está luchando a brazo partido para contener esta ola de contagios en la capital, lugar donde la cifra de muertos se acerca  a los 3 mil.

Pulcra y firme realiza todas las tardes una conferencia de prensa donde informa con puntualidad el estado actual de la epidemia y dicta las acciones que se llevarán  a cabo en las horas y en  los días siguientes.

Acuerda con los gobernadores circunvecinos las acciones para evitar más contagios y critica con precisión a aquellos políticos que quieren lucrar con la tragedia sanitaria que se vive en el país.

Es tiempo de unidad y no de protagonismos. Lo sabe Sheinbaum Pardo y su figura crece, sin necesidad de reflectores. Sus acciones hablan por sí mismas.

Domar la pandemia no es cuestión de fe ni de retórica. Es cuestión de sentido común, de profesionalismo y empatía. La realidad es que el COVID-19 es un virus peligros y altamente mortal. La curva no se ha controlado. Los esfuerzos del gobierno capitalino no parecen ser los mismos que los del gobierno federal.

Por un lado, afirman que la curva se ha aplanado, festejan y mandan señales muy confusas que ponen en riesgo a una población confundida e irresponsable, mientras que en el otro, los mensajes son claros y contundentes: El virus no está controlado.

Activista y luchadora social, Claudia Sheinbaum, vive momentos cruciales ante esta pandemia. Su inteligencia y madurez la han colocado en un lugar importante. Domar los contagios en una de las ciudades más grandes del mundo tiene su mérito, de lograrlo, su figura será fundamental para el futuro.

Hoy, con su propia historia maneja una crisis sanitaria muy fuerte.

Después, la ciudad continuará viva con todos los problemas de una urbe de las características de nuestra capital y de su gente.

El monstruo de las mil cabezas seguirá vivo con pandemia o sin ella. La jefa del gobierno capitalino tendrá que enfrentarlo y con lo aprendido hasta ahora, no cabe duda que podrá hacerlo con la madurez mental y política en la que se encuentra.

Ecuánime y por fortuna, independiente de los dogmas presidenciales, este sin duda, es el tiempo de Claudia.

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