Urge un plan serio y armonizado de movilidad para evitar que se agudice la emergencia sanitaria.

Definitivamente la “nueva normalidad” a la que nos ha obligado el COVID-19 en el mundo, conlleva a la construcción una NUEVA MOVILIDAD.

Las autoridades deberán hacer lo propio para evitar las aglomeraciones de gente en el transporte público porque mientras no exista una vacuna contra el virus, el transporte público seguirá siendo zona alto contagio y operarlo como se hacía antes del COVID-19 llevaría al colapso del sistema de salud por el incontable número de contagios.

Mientras transcurre la pandemia, la humanidad hemos dado cuenta que hoy en día, la forma más segura de transportarse en esta época de infección es en el vehículo particular.

No creo que mover el horario de apertura y cierre de las empresas sea la solución, pues el sistema de transporte seguirá saturado, pero ahora en un horario diferente.

Si antes de la pandemia el caos en el transporte público era a partir de las siete de la mañana, ahora será a partir de las ocho de la mañana porque la gente ya no entrará a las nueve, sino a las 10 horas y lo mismo sucederá con en el nuevo horario de salida que en lugar de ser a las 18 horas será a las 19 horas.

Esto no ofrece ninguna solución. Tal vez al gobierno federal y los gobiernos locales les haga falta voltear a ver la propuesta del sector automotriz que, para empezar sus operaciones y proteger a sus empleados, anunciaron la implementación de un sistema de transporte con medidas sanitarias que aseguren la salud y protección de su gente.

Esto se replicó en las reglas para definirlo como sector esencial. Por esta y otras variables que la industria lleva a cabo para regresar a la actividad económica deberán ser tomadas como ejemplo.

Los gobiernos federal y locales habrán de pensar y asesorarse para implementar medidas más efectivas que un simple cambio de horario para los empleos porque ello no resuelve el problema y sí, por el contrario, eleva el riesgo de contagio, sobre todo con un presidente que predica con el “mal ejemplo” al haber retomado sus giras para apurar “sus proyectos” que en nada son actividades esenciales para el país.

Mientras tanto, la industria automotriz está de regreso y ya elaboran planes para ofrecer la compra de vehículos con ofertas tales que la gente tenga la posibilidad de adquirir su unidad.

Esta actividad toma relevancia cuando, como ya lo mencioné, se erige como un bastión de la movilidad segura. Moverse en un vehículo particular minimiza sustancialmente el riesgo de contagio, pero además del esfuerzo de descuentos e incluso remates de vehículos y planes de financiamiento a la medida (como ya lo han anunciado algunas armadoras), es necesario y urgente la participación gubernamental en pro de los ciudadanos, con lo que al tiempo de impulsar la recuperación económica, también impulsan el transporte seguro.

El director general adjunto de la Asociación Mexicana de Distribuidores de Automotores (AMDA), Guillermo Rosales Zárate, junto con el reclamo de la industria en su conjunto, han reiterado -y hoy más que nunca-, la falta de un programa de chatarrización y apoyos para la adquisición de vehículos.

La nueva normalidad también deberá llevar al análisis del impulso al transporte corportativo de personal en las empresas, tal y como la industria automotriz lo está haciendo y ¿Por qué no? Sirva de ejemplo para el futuro, que ya es presente, de la movilidad en el país.

 

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