• Los carteles han minado las condiciones de vida de las personas que habitan en zonas de conflicto como son los 21 municipios que conforman la Tierra Caliente.

Michoacán se acerca a una crisis humanitaria inminente provocada por la violencia del crimen organizado, que en los últimos 11 años a desplazado a más de 400 mil personas, que huyen a los estados y municipios vecinos y a Estados Unidos donde piden asilo político.

Para el doctor en sociología y analista Senior de la oficina en México de International Crisis Group, Falko Ernest, en Michoacán los carteles han minado las condiciones de vida de las personas que habitan en zonas de conflicto como son los 21 municipios que conforman la Tierra Caliente de Michoacán.

“Desde hace por lo menos dos décadas las olas de peleas por las posiciones de los grupos y células de los han obligado a desplazamientos forzados, que de tanto en tanto va sufriendo una mutación en varias partes de México como en Guerrero, Chiapas, Veracruz, Sinaloa y por supuesto Michoacán”, dijo, luego de calificar como “ muy grave los incidentes de los desplazamientos masivos”

Las peleas por controlar territorio que ha emprendido el cartel de Jalisco Nueva Generación en Michoacán con otros carteles más pequeños y locales como la Familia Michoacana, Los Viagras y La Nueva Familia Michoacana provoca también, a decir de Falko Ernest, que haya una ausencia total de las fuerzas de seguridad o bien que se de una complicidad total.

Los ciudadanos de zonas en conflicto quedan en medio de estas disputas feroces que no tienen poder de decisión sobre sus futuros porque están ante verdaderas campañas de limpieza social, asevera.

Por el momento y en caso de Michoacán y otros estados donde el crimen organizado ha tomado el control absoluto de los pueblos, no existen estadísticas confiables y uniformes que revelen el fenómeno de la crisis humanitaria provocado pro al violencia, pero los análisis de organismos como Crisis Group, suponen que la magnitud del problema es similar a los que enfrenta Siria e Irak, donde existen conflictos clásicos de guerra.

Por lo pronto y de acuerdo a cifras y estudios de Consejo Nacional de la Población (Conapo), entre 2015 y 2020, salieron de Michoacán 110 mil 781 personas para vivir en otra entidad.

El estado se ubica en la posición número 10 a nivel nacional por la cantidad de expulsión de población y es uno en los que más relaciona la movilidad al tema de la violencia.

De acuerdo al estudio denominado “la violencia como causa de desplazamiento interno forzado”, de Conapo, el desplazamiento interno es una modalidad de migración interna y a partir de 2010 Michoacán destacó en el mapa nacional por el incremento de ésta.

La investigación hecha por María Cristina Díaz Pérez y Raúl Romo Viramontes, retoma la estadística 2010-2015 del INEGI, misma que muestra las entidades que más población expulsaron: Sinaloa, Durango, Zacatecas, San Luis Potosí, Guerrero y Michoacán.

El territorio michoacano se ubica actualmente en un nivel “negativo alto” por su migración interestatal, este es el nivel número 5 de 6 niveles que muestran el grado de expulsión de habitantes, de acuerdo a estimaciones del INEGI (2017) y de Conapo (2018).

De acuerdo a la investigación de la antropóloga y docente en la Escuela Nacional de Antropología e Historia (ENAH), María Cristina Díaz, y del investigador y Director de Estudios Socioeconómicos y Migración Internacional de Conapo, Raúl Romo, los estados o municipios expulsores son territorios en disputa por su ubicación favorable y estratégica para las acciones criminales, o bien por sus riquezas naturales.

Y en el caso en particular de Guerrero y Michoacán, el desplazamiento por violencia está ligado también con las aspiraciones educativas de la población en edad estudiantil, que busca escapar del contexto con un doble propósito: huir de la violencia por ser víctimas directas o indirectas, y buscar mejores oportunidades de preparación.

De acuerdo al estudio, apoyado también por el Fondo de Población de las Naciones Unidas, la delincuencia se ha ido apropiando de espacios simbólicos y materiales, no solo por el grado de crueldad que alcanza, sino por la forma en que interiorizan la violencia.

La investigación señala que dicha apropiación se desarrolla de forma distinta en los ámbitos urbanos y rurales, ejemplifica con uno de los casos más comunes en Michoacán, donde la finalidad es apropiarse de recursos naturales, como por ejemplo las zonas boscosas. Detalla que en esas regiones, la penetración de la violencia llega a generar mecanismos de convivencia, donde es mejor aceptar pagar por protección y ceder las ganancias obtenidas del trabajo forestal, antes que desplazarse y perder el derecho a usufructuar la tierra.

“En este sentido, es notorio que hasta hace pocos años las especies maderables eran codiciadas, pero ahora se han convertido en el abrigo de cultivos de estupefacientes”, expone el estudio realizado en 2019.

 

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