Quizá algunos supimos de Salvador Allende, el Che Guevara, el movimiento estudiantil del 68 y el pueblo universal de Macondo por Óscar Chávez antes que por las noticias o la escuela. Nos formamos con una visión del mundo que después también aprendimos que era “de izquierda” por sus canciones, letras e interpretaciones. Óscar Chávez ha sido en esencia un músico, pero también una escuela de formación política viviente, de cultura musical mexicana y de historias alternativas y subterráneas.

El cantante mexicano colocó en el mapa de nuestros corazones la Patria Grande de la América Latina, la de José Martí. Decimos Óscar Chávez no se va, porque sus mensajes de alegrías o desdichas han sido educación no formal para la vida y seguirán irradiando la posibilidad de luchar.

En los ochenta no había redes sociales, teléfonos móviles y menos Spotify o YouTube pero Óscar Chávez ya era una leyenda, aunque su música era minimizada o censurada por las grandes cadenas comerciales de radio y televisión, las mismas que hoy con dejos de cinismo y amnesia se suman a los merecidos elogios ante su desaparición física. No es para menos, Óscar Chávez junto con el “monero” Eduardo del Río “Ruis” forjaron desde la expresión contracultural otros caminos para la disidencia, más allá del activismo tradicional y con el potente mensaje de revisitar con creatividad las épicas populares de la Ciudad de México y otras latitudes.

Casi de mano en mano -o desde algunos refugios como Radio Educación o Radio Universidad-, las canciones de Óscar Chávez rolaban en discos o casetitos con sus rolas que han sido etiquetadas como “Canto Nuevo”, “Trova mexicana”, “Canciones de Protesta” y que subsistieron los tiempos oscuros del sistema político mexicano gracias a esfuerzos como el de Modesto López -quien desde Discos Pentagrama albergó a quienes hoy son iconos como el propio Chávez o Rockdrigo González-, pero que en aquellos años eran voceros -de lo que se sabía pero no se podía decir- del lado oscuro del poder.

Óscar Chávez es el soundtrack de los jóvenes rebeldes de siempre. Su hito fundacional como figura sobresaliente del inquieto imaginario colectivo no es una canción sino su personaje “el Estilos” de la célebre película Los Caifanes de 1966. Un retrato del fin del llamado milagro mexicano. La ciudad en el centro del culto, el desmadre, la psicodelia y una crudísima y vital larga noche. Es el prólogo al 68 que habría de venir para llevarse el sueño luminoso de un amanecer. Con guión de Carlos Fuentes y del director del filme Luis Ibáñez, un reparto con actores que habrían de escalar alturas como Julissa, Enrique Álvarez Félix, Sergio Jiménez, Ernesto Gómez Cruz, Eduardo López Rojas “el Mazacote” e incluso el escritor Carlos Monsiváis, la película es un paradigma del cine nacional.  

“¿Qué es un caifán?”, “Es el que todas las puede”. Óscar Chávez las pudo todas sin claudicar en sus ideales y raíces. Desde aquella noche interminable de Los Caifanes aborda una folklórica nave que lo condujo por narraciones, historias y crónicas que inculcaron semillas de crítica social en las generaciones sucesivas. Con virtud y armonía reconfiguró el bolero, los tríos y decenas de variaciones de los géneros musicales populares de México y Latinoamérica, para darles otra dimensión con su singular voz y presencia.

Como describió Paris Alejandro Salazar: “Óscar Chávez comenzó a cantar desde 1962 en las facultades de Ciudad Universitaria y estuvo presente en el movimiento estudiantil de 1968, interpretaba temas como Carabina 30-30 en foros, la explanada de Ciudad Universitaria o la Plaza Roja de Zacatenco. Desde ahí siempre ha estado en las grandes luchas y hoy es el máximo icono de la canción de protesta. Meses antes del inicio del revuelta juvenil se presentó en la Facultad de Ciencias Políticas de la UNAM.”

Hijo cultural del 68, sobreviviente de la represión abierta o soterrada contra las generaciones de los setenta, solidario con las luchas sociales y populares emergentes de los ochenta, Óscar Chávez siempre se mantuvo ideológicamente a la izquierda, pero no fue complaciente ni orgánico de las vertientes partidistas, sino digno representante del libre pensamiento, la independencia política y la postura anti-sistémica por excelencia, simpatizó con el EZLN, en el reciente 2018 se le vio en alguna calle del centro de la Ciudad de México apareciendo casi clandestino entonando canciones ante la mirada atónita de transeúntes para apoyar con este gesto la causa de los pueblos indígenas. 

Protagonista de interminables festivales, conciertos y manjares musicales, acompañado de ensambles tan disímbolos como Los Morales, el Grupo el Tigre de la UANL o Panteón Rococó, en los mejores foros de México como el Auditorio Nacional o Bellas Artes, en los arrabaleros y populares como el Teatro Blanquita o algún cabaret descontinuado y las plazas urbanas más emblemáticas como el Zócalo o “las islas” de Ciudad Universitaria, el juglar, trovador, cantante, es un personaje que junto con otros cronistas que han partido en abril como Gabriel García Márquez, José Revueltas o Eduardo Galeano, de quienes también abrevó, trasformó y reivindicó, es un maestro de la historia de nuestros días.

51 años después del 2 de octubre de 1968, Óscar Chávez ofreció un concierto en Los Pinos, que fue abierto al público en general por el nuevo gobierno de la 4ª transformación. Homenaje auténtico y profundo a los contemporáneos estudiantes caídos que inspiraron la perseverancia musical del maestro Chávez, y también un acto de memoria contra la existencia de esos monumentos al cinismo, como fue la residencia oficial donde hace décadas se tomaron decisiones de crueldad e injusticia contra el pueblo, y que ahora se han abierto al juicio de los tiempos para que Nunca Más…

“Por ti, yo dejé de pensar en el mar, por ti, yo dejé de fijarme en el cielo, por ti, me ha dado por llorar como el mar, me he puesto a sollozar como el cielo, me ha dado por llorar.” Cantaba Óscar Chávez, para algunos será una canción de amor o de desamor, pero esta no es una típica canción más de romanticismo, no es una balada, es el canto de una generación que dejó de soñar sus propios anhelos pues despertó ante el dolor del camarada muerto o desaparecido, del tolete y la bayoneta, de las rejas y la tortura como respuesta de un régimen que desde ahí cabalgó a su final. 

“Por ti dejé de pensar en el mar”. Por ti camarada caído en la Plaza de las Tres Culturas -paradójica y tristemente ahí dónde también cayó México Tenochtitlán-. Por ti comencé a pensar en el movimiento. Por ti, es la resistencia, “por ti me ha dado por llorar como el mar…”  Óscar Chávez es un corazón musical de la resistencia, Óscar Chávez no se va.

 

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