Guillermo Bonfil Batalla, desde la década de los 80´s nos condujo a comprender la tercera raíz de México: el pueblo afromexicano.

El pueblo afromexicano desciende de las personas que fueron transportadas desde África al Virreinato de la Nueva España como esclavos y otras migraciones posteriores. Actualmente se asientan, principalmente, en la Costa Chica de Guerrero y Oaxaca, la Tierra Caliente de Michoacán, la región de Yanga en Veracruz de Ignacio de la Llave y la comunidad Mascogo en Coahuila de Zaragoza.

En México se reconocen 68 pueblos indígenas y el pueblo afromexicano; 1.3 millones de personas se consideran afromexicanas, que representan el 1.2% de la población a nivel nacional. En 100 de más de 2 mil 438 municipios del país, al menos el 10% de su población es afromexicana. Después de 205 años de independencia, por primera vez se contabilizó a la población afrodescendiente en el México moderno en 2015.

Personaje emblemático del pueblo afromexicano es Vicente Ramón Guerrero Saldaña (1872-1831), nacido en Tixtla, que es el actual estado de Guerrero en su honor.

Vicente Guerrero fue un gran militar y político mexicano. Se adhirió al levantamiento de Miguel Hidalgo en 1810, y cuando José María Morelos fue capturado y ejecutado en 1815, Guerrero le sucedió como líder del movimiento y continuó luchando por una causa que el insurgente hizo suya hasta el final. Fue un libertador y personaje clave en la consumación de la independencia, pero también parte de un pueblo que hasta el siglo XXI sigue luchando por el reconocimiento de sus derechos, Guerrero es un guerrero del pueblo afromexicano.

Históricamente las personas que se reconocen como negras o afromexicanas han impulsado el reconocimiento de sus derechos en la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos y han trabajado por erradicar estigmas y prejuicios en su contra.

Ha sido en el contexto de la Cuarta Transformación de México, cuando el 30 de abril de 2019 por unanimidad, el Senado de la República aprobó la adición del apartado C al artículo segundo de la Constitución Política, a fin de reconocer a los pueblos y comunidades afromexicanas como parte de la composición pluricultural de la nación.

Con ello, este sector de la población adquirió los derechos establecidos en la Carta Magna para garantizar su libre determinación, autonomía, desarrollo e inclusión social. Aunque falta mucho camino por recorrer se dio un gran paso.

Vicente Guerrero y también José María Morelos y Pavón pertenecían a este sector de la población, fueron líderes del movimiento de Independencia y de la abolición de esclavitud en el territorio mexicano.

Sin embargo, a lo largo de la historia los afromexicanos han padecido discriminación, racismo y clasismo. Como señaló la investigadora María Dolores Ballesteros Páez en su texto Vicente Guerrero: insurgente, militar y presidente afromexicano, “el origen africano de Guerrero es empleado como un insulto o como elementos físicos que deben ser “blanqueados” para permitir la plena inclusión de Guerrero a la élite política. Estas representaciones nos hablan de una sociedad que quería ignorar la variedad racial del México independiente para presentar una falsa homogeneidad”. (Ballesteros, 2011).

Abunda en su estudio: “Lo que estas variopintas representaciones del héroe insurgente presentan es cuán importante era el color de Guerrero en la época. En las imágenes donde se enfatizaba la elegancia de la élite política y militar mexicana era blanqueado, en otras, era presentado tal y como era: una persona morena, de ascendencia africana. Si esto ocurrió con un héroe de la insurgencia que llegó a la presidencia de la República y que nunca se avergonzó de su origen racial, ¿qué no pasaría con quienes conscientemente quisieron blanquear su pasado, con quienes contasen con suficiente capital como para alterar la paleta del artista? ¿Qué ocurriría con los habitantes de origen africano anónimos, alejados de los retratos elegantes de la élite capitalina? Pocos fueron representados tras la Independencia y en su mayoría fueron capturados por los pinceles de artistas extranjeros que buscaban plasmar en sus obras el exotismo mexicano. Por la necesidad de construir una identidad nacional propia, los artistas mexicanos buscaron distanciarse de la diferenciación racial colonial y de la exaltación de lo costumbrista que hacían los extranjeros, presentando en su lugar al México moderno, de hombres ilustrados, iguales y libres, es decir, al México imaginado que querían construir”. (Ballesteros, 2011).

De ahí que las representaciones visuales e iniciales de uno de los “padres” de la Patria, pretendieron cambiar la realidad: “En el caso de Vicente Guerrero existen al menos tres retratos suyos en cera. Mientras que en la de José Francisco Rodríguez y el retrato que se conserva en el castillo de Chapultepec, el general tiene la piel morena y el pelo negro y rizado, como Ortiz Monasterio lo describe en sus Charlas de café con Vicente Guerrero [Ortiz, 2009], en la representación de Segura sólo las patillas del general son rizadas. Su cabello es liso, su piel clara y su vestimenta elegante lo hacen parecer completamente distinto al hombre representado en los otros retratos”. (Ballesteros, 2011).

Guerrero fue el último comandante de la insurgencia y durante los años más difíciles mantuvo firme la lucha por la separación de España. Es conocida su férrea voluntad, como la mostrada en el episodio del 5 de noviembre de 1819, cuando rechazó ante su propio padre el indulto ofrecido por el virrey Juan Ruiz de Apodaca.

Pedro Guerrero, fue enviado por el mismo gobernante para convencer a su hijo de que deponga las armas y acepte el indulto. El padre del general, arrodillado y en llanto suplica a su hijo que acepte el indulto prometido, que entregue las armas y termine con la guerra.
 Vicente Guerrero no acepta y dirigiéndose a los presentes exclama: “Señores, este es mi padre que ha venido a ofrecerme el perdón de los españoles y un trabajo como general español. Yo siempre lo he respetado, pero, la Patria es Primero”.

Guerrero, Presidente de México en 1829 y general de la revolución de independencia fue fusilado el 14 de febrero de 1831 en el pueblo de Cuilápam, Oaxaca, a los 39 años de edad, sin un juicio ni defensa.

En función de la preservación histórica de la tercera raíz de nuestra Patria, y del legado de hombres como Vicente Guerrero y todos los descendientes del pueblo afromexicano que dieron la vida por ella; es imprescindible una de las premisas de la Cuarta Transformación: “La riqueza cultural de los pueblos y comunidades indígenas y afromexicanas, se sustenta en su cosmovisión y se refleja en las diversas manifestaciones con que cada pueblo expresa y da significado a su vida cotidiana y ritual”. Se debe seguir caminando por la revalorización de nuestra grandeza histórica y cultural.

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